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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Y punto

No deploro el carácter «y punto», ni la forma de gobernar «y punto» cuando sirven al bien

Ese sanseacabó se permite Aznar para zanjar un debate que su partido está muy lejos de haber cerrado: «[Una moción de censura] no se va a ganar. Y punto». Punto pelota. Punto redondo. Un punto insolente y autoritario. Genio y figura don José María, cuyos logros presidenciales quedaron sistemáticamente ensombrecidos por ese estilo suyo. Con sus fracasos y renuncias pasaba lo mismo, pero ahí se notaba menos porque caían sombras sobre la sombra. Logros los hubo, y nada desdeñables; el tiempo ha pulido las cosas y el más notable parece haber sido comandar la estrategia que condujo al cumplimiento de las famosas condiciones de convergencia europeas. Una consecución en la que nadie creía. Ahí demostró su utilidad el pensamiento «y punto», variante de la fijación, que puede ser o no patológica. En este caso no lo fue, pues de serlo no habría triunfado en la práctica: solo habría amargado a Aznar y punto. También hubo, decía, fracasos y renuncias. Sobre todo renuncias.

En las duras y en las maduras, Aznar cree en una forma de gobernar que cabe entera en el «y punto». De acuerdo con el DRAE, podríamos afirmar que «y punto» designa la gobernanza de Aznar, pero gobernanza es una palabra cargada. El DRAE no da noticia del manoseo impúdico de dicho término por parte de sociólogos, conferenciantes del cuento y pesados de toda laya. Dado su natural adusto, estoy casi seguro de que Aznar también desprecia la voz gobernanza y el resto del repertorio de los políticos e intelectuales con lengua de madera. Entre sus errores no está el de no haber querido hacerse entender. Incluso cuando resulta absolutamente imposible para él transmitir lo que quiere decir, sigue queriendo decirlo, y le salen cosas como: «Los que idearon el 11-M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas». Frases con las que te hierve la sangre y tienes que esperar a que se enfríe. Frases brutales, confirmatorias de sospechas, pero con las que no sabes qué hacer. Federico Trillo, que fue su ministro de Defensa, ha sido infinitamente más claro, aunque ha esperado veintidós años para hablar, cuando la sangre ya no puede hervir, solo el cerebro.

No deploro el carácter «y punto», ni la forma de gobernar «y punto» cuando sirven al bien. Lo que no veo es a un militante, por muy expresidente que sea y por mucha fundación que presida, diciéndole a Feijóo que se olvide de la moción, y punto. Es una cuestión de autoridad, algo que Aznar lleva muy mal cuando no la tiene. Lo lleva tan mal como para obviar la circunstancia y desenvolverse con gran naturalidad por los círculos políticos, mediáticos y conspiradores como si en el fondo mandara él. Una especie de Leire, pero en fino y en falso. Porque Leire es una hortera y él un hombre educado, aunque borde; y porque Leire sí tenía un encargo del One, vía Cerdán, mientras Aznar va por libre en su isabelino acoso y derribo de Feijóo.

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