EL PSOE ató su destino al de Zapatero
Porque en el caso Zapatero, lo penal es solo una parte, y no la más importante, por mucho que nos interese a los letrados y les fascine a los legos. Lo gordo es que la masa indiferente deja de serlo ante las fotos de las joyas
Zapatero no se salva. Paso de argumentos jurídicos; ni es el lugar, ni deseo interrumpir el griterío de los zurupetos televisivos. Qué espectáculo. Las intervenciones más tóxicas, las más contrarias a derecho y a la mera lógica, las sufragamos nosotros. Lo sé por los gentiles usuarios que cuelgan en X los vídeos más delirantes de TVE. Echémonos al menos unas risas aprovechando que pagamos la fiesta. ¿A quién van a convencer de que es legal tener joyas de origen ignoto, valoradas en millón y medio, en la caja fuerte de tu oficina, habiendo sido presidente del Gobierno y sin declarar más patrimonio que tu bondad y austeridad socialista? A los ya convencidos de cualquier exabrupto que suelte la falsa manca de los diez escoltas. A la facción menos reflexiva de lectores y oyentes mesmerizados que reúne el club de los 61. A gentes sin capacidad de comprensión. Y ya. Nada de esto importa, vociferantes intrusos.
Porque en el caso Zapatero, lo penal es solo una parte, y no la más importante, por mucho que nos interese a los letrados y les fascine a los legos. Lo gordo es que la masa indiferente deja de serlo ante las fotos de las joyas. Es por la curiosidad que despierta el contraste del diamante con el concepto zapaterino de socialismo, una renuncia franciscana. Es por la constancia de gestiones en puridad mafiosas, esa familiaridad con la cloaca. Más la creciente sospecha de que existe una Cloaca Máxima, como en Roma, y que la entrada está en Ferraz. Aquel que siempre careció de ética se hunde por falta de ética. Sorpresa. Qué país tan raro. El PSOE lo había convertido en su santo patrón. Entiendo la extrañeza que esto pueda causar: solo he visto a un temerario provocador en Zapatero desde 2002, cuando el Nunca Mais y los Goya del 'No a la guerra'. En los últimos 24 años, oír cómo mencionaban a Zapatero con algún respeto siempre me ha provocado una espontánea e incontenible risa floja.
Pero el mundo, por lo visto, iba en otra dirección. Mezcla de Sócrates y San Pablo para la izquierda, hombre de Estado para la exderecha. Sí, sí, que aquí nada se esconde ni se obvia. La primera gestión del ministro del Interior de Rajoy, en 2011, fue reunirse en privado varias horas con Zapatero, el tipo que había utilizado políticamente a su favor los atentados del 11-M; el que, pudiendo reventar a la ETA, pactó con ella; el mendaz cuyo ministro listo daba chivatazos a los terroristas antes de ciertas actuaciones policiales. El Gobierno Rajoy reconocería un estatus de facto para Zapatero: «Él lleva todo lo concerniente a Venezuela». No me piden pruebas porque se las daré. Todos mostraban gran respeto por Zapatero, aunque ahora parezca increíble. Pues bien, Zapatero está acabado, la Cloaca Máxima de Ferraz ofrecerá visitas guiadas a los turistas y el PSOE, la PSOE, lo PSOE se desvanecerá a regañadientes, como una pesadilla pegajosa.