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DivisaderoAntonio Pérez Henares

Esto ya no hay quien lo pare

Ese ha sido el cambio definitivo de percepción y el paso a una muy diferente y nueva pantalla. El que más y el que menos ha empezado a pensar en lo suyo y que de esta por mucho que les prometan no los sacan. Los de más y más arriba ya tienen bastante con librarse ellos

La riada de información sobre las andanzas de Zapatero va a convertirse en un torrente que se va a llevar por delante rebozado en barro no solo al personaje sino a todos aquellos con los que ha chapoteado en la ciénaga. El primero, su collera, Pedro Sánchez, sujetos ambos a la misma traílla y condenados a un mismo destino.

Por ello lo defiende hasta en lo del indefendible botín de los joyones y en cualquiera de sus tropelías por repugnantes que sean. Porque su suerte es ya inseparable de la del otro. Porque lo que ha aflorado con claridad ya meridiana, es que ZP actuaba, y así era asumido por toda la pava sanchista, como el gran visir del Mahdi de Moncloa, su plenipotenciario válido tanto ante los ministros, prófugos, filoetarras, dictadores y, por supuesto, ante las haces y mazmorras de las tropas ferracianas de al otro lado de la calle y, como su gran oráculo y prescriptor de consignas, para con los batallones del Agitprop (Agitación, Prensa y Propaganda soviético-goebbelsiana) .

A Zapatero le comían en la mano toda la recua ministerial, a la que, más que reunirse con ellos, daba órdenes e imponía deberes para hacer favores, que ya facturaría él luego y se peleaban para ver quien le sobaba más el lomo de los de la «sincronizada».

ZP mandaba más que nadie y el One no solo bebía de sus palabras, sino que compartían acordes e instrumentos para que la orquesta tocara la misma y común partitura. Las únicas música y letra que puede tocar y cantar el PSOE. Todas las demás no solo están prohibidas sino suponen la inmediata exclusión y destierro a las tinieblas.

Esto es lo que se está ahora poniendo obscenamente al descubierto. ZP tenía todas las riendas en la mano. Para ejercer de gurú y faro ideológico por un lado, de mandamás delegado con una mano y con la otra de emboscado picozapato insaciable en deglutir todo lo que pillara, comisiones, oro, joyas, sacos de regalos y ofrendas de quienes fuera siempre que se presentaran con ellas por delante.

En la irrealidad en la que están instalados, que llegó al paroxismo, con Patxi López en trance, durante la comparecencia ante el Congreso del todavía presidente pareciera incluso que fuera su persona el justiciero y los demás, incluidos, los primeros, claro, los jueces, los encausados y en reata hacia el banquillo. Pero la realidad es muy otra. Y lo saben. Esto ya no hay quien lo pare y por mucho que se esfuercen en impostarlo y trasmitir a sus huestes que lograrán detener la inundación y poner a cubierto a todos los señalados lo que, aunque no se atrevan a rechistar ni por asomo, lo que ya no deja de rebullir por sus cabezas es cuándo y cuánto les va a tocar a ellos tras los 24 para Ábalos.

Ese ha sido el cambio definitivo de percepción y el paso a una muy diferente y nueva pantalla. El que más y el que menos ha empezado a pensar en lo suyo y que de esta, por mucho que les prometan, no los sacan. Los de más y más arriba ya tienen bastante con librarse ellos.

La collera Sánchez-Zapatero, eso ni lo duden, va a seguir corriendo o arrastrándose hasta el último segundo buscando una tabla de salvación política y judicial que casi cada día que pasa se vuelve más difícil y hasta ya se diría que imposible. En el caso de ZP, aunque se libre de la cárcel, que no le va a ser nada, pero que nada, fácil, del oprobio ya no lo libra nadie. Ni deberíamos olvidarlo nunca como sí olvidamos como nos dejó en su día.