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VertebralMariona Gumpert

No basta con las leyes

Una nación la conforman quienes conviven en ella y dictan sus normas. Quien niegue que, en este sentido, se está cambiando España de forma radical, o es un mentiroso o está ciego. Si no hacemos nada, enseguida sufriremos (más todavía) las consecuencias

Uno de los lemas liberal/libertarios más ingenuos es el de «no importa quién forme parte de una sociedad, lo único necesario es que cumpla la ley». Hacer descansar en la legislación la garantía última de cualquier asunto es tan ingenuo como creer en el paraíso comunista. Copiemos la pedagogía sanchista («¿de quién depende la Fiscalía»?), y preguntémonos de quién depende la elaboración de leyes. Ninguna de las normas del juego «que entre todos nos hemos dao» (cuñadismo setentayochista) garantiza un sistema eterno. Dichas reglas tienen subterfugios y vacíos, por no decir que los mecanismos pensados para evitar que los gobernantes no se las salten a la torera no son todopoderosos.

¿De quién depende la elaboración de leyes? En última instancia, de los ciudadanos que eligen a quienes serán responsables de redactarlas y votarlas en el Congreso de los diputados. En especial en un sistema como el español en el que la famosa separación de poderes es bastante cuestionable, con un Congreso General del Poder Judicial elegido por las Cortes y un fiscal general del Estado elegido por el gobierno. Todo el poder judicial está ocupado por el Ejecutivo y el Legislativo... ¿Todo? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles jueces resiste, todavía y como siempre, al invasor. ¿Podemos permitirnos poner una parte tan nuclear de nuestro sistema político sobre los hombros de un puñado de ciudadanos? Es evidente que no. Pero ese es un problema para otra ocasión. Centrémonos en el origen de la elaboración de leyes: el pueblo soberano eligiendo a los legisladores. Llevado a la práctica, el censo electoral.

Un censo que últimamente le está dando muchos disgustos al gobierno. Una forma de corregir dicha insatisfacción consistiría en acabar con los corruptos y abordar los problemas que ahogan a la población, como el precio de la cesta de la compra y de la vivienda o la degradación de la sanidad y educación públicas, entre otros. Eso implicaría trabajar y, además, hacerlo de forma honrada. Pero no es el único camino, ni siquiera el más exitoso. Aunque no esté oficialmente probado, no sería la primera vez que se acusara a Sánchez de manipular unas elecciones de una manera u otra (las primarias en las que fue elegido o las pasadas generales, que están siendo ahora investigadas) ¿Resulta inconcebible que el PSOE no esté procurando vías de alterar el censo electoral?

Es una operación más que obvia que funciona a corto, medio y largo plazo y que opera en tres frentes. El primero, el nacional. Uno de cada cinco residentes en España ha nacido fuera según fuentes oficiales, es decir, sin contar quienes no están registrados. Bajo el Gobierno de Sánchez se ha favorecido el aumento de la inmigración ilegal y se ha facilitado en extremo el conseguir el permiso de residencia. El grueso de la población extranjera está compuesto por hispanoamericanos quienes, por ley, pueden obtener la nacionalidad española tras dos años de residencia legal. Cada año entran a nuestro país entre 400.000 y 600.000 personas procedentes de allá. Hágase el cálculo y atrévanse a negar que se está modificando el censo.

El segundo frente de modificación es a través de la Ley de Memoria Democrática. A pesar de que se vende como una forma de desagraviar a los exiliados por motivos políticos, de facto se extiende a todo aquel que pueda mostrar que alguno de sus abuelos era español. Una operación suicida, si se tiene en cuenta la cantidad de personas que, de siempre, marchó a hacer las américas.

Los dos primeros frentes funcionan a medio y largo plazo; viven aquí unos diez millones de emigrados por motivos económicos que, por razones obvias, no votarán a quienes quieran recortar en gasto social o a quienes muestren la intención de revertir y endurecer todos esos procesos que han facilitado la obtención de nacionalidad. Ahora bien, el tercer frente actúa en la inmediatez. No resulta necesario incrementar de forma significativa el número de votantes para amañar unas elecciones, basta con que se emita el voto desde la suscripción adecuada. El voto CERA (emitido desde el extranjero) depende en gran parte de Correos, que está bajo sospecha por posible manipulación en las elecciones generales de 2023. Blanco y en botella.

Parece que Sánchez alteró las primarias de su partido; parece que Sánchez alteró las pasadas elecciones a través de Correos. Sánchez ha fomentado la inmigración masiva y la regularización de ilegales. Sánchez aprobó la ley que está nacionalizando personas a cascoporro. Digámoslo sin miedo: Sánchez está alterando el censo electoral y la composición de la sociedad española sin el permiso de sus ciudadanos de origen.

Una nación la conforman quienes conviven en ella y dictan sus normas. Quien niegue que, en este sentido, se está cambiando España de forma radical, o es un mentiroso o está ciego. Si no hacemos nada, enseguida sufriremos (más todavía) las consecuencias. Porque no, no bastan las leyes para que una sociedad se mantenga en el tiempo tal y como la conocemos.