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El otro día presentamos en la administración pública un informe del ginecólogo de mi esposa, conforme está embarazada. Este cuarto hijo que vendrá al mundo en octubre, Dios mediante, nos convierte en familia numerosa especial y nos da algún punto extra que facilita a nuestro segundo hijo tener plaza para el próximo curso en el colegio de educación especial que previamente habíamos elegido.

Descubro ahora que eso es gracias a una ley aprobada por Díaz Ayuso para la Comunidad de Madrid, ley que considera al concebido no nacido como miembro de la unidad familiar, lo cual permite adelantar el acceso a becas y a determinadas ayudas.

No obstante, la ley no otorga personalidad jurídica al concebido no nacido, ni modifica la regulación del aborto. La norma se limita al ámbito administrativo de la Comunidad de Madrid. Feijóo ha dicho que, en caso de ganar las elecciones, llevará la aplicación de dicha ley a toda España.

Todos sabemos en qué acaban la mayoría de las promesas electorales, no obstante, desde aquí celebramos, aunque sin demasiado entusiasmo, una ley que ayude a tomar conciencia de que ese conjunto de células que la mujer alberga en su seno es mucho más que eso, es el hijo que va a traer a ese mundo. Bienvenida sea toda iniciativa que ayude a proteger la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, y que ayude a humanizar a quienes ya son personas.

Pero miramos también con recelo ese tipo de anuncios que, pensamos, pretenden vender una imagen que no se ajusta a la realidad. Se trata sin duda de una medida en favor de las familias y de los más indefensos, pero resulta difícil casarla con la vigente ley del aborto. Esto último no nos impide celebrar lo primero, pero sí ser cautelosos para no convertir en agentes provida a quienes históricamente han sido cooperadores necesarios de la situación actual, que está muy lejos de proteger al concebido no nacido.

Para el concebido no nacido hubiera sido mucho mejor que, quienes ahora dicen defenderlo, hubieran cumplido algunas de sus promesas electorales al respecto, dándole por lo menos la misma importancia que dan a otros asuntos como la unidad de España o el crecimiento económico.

Está muy bien que garanticen ayudas y becas para que el menor pueda escolarizarse –cosa que indirectamente nos ayuda a tomar conciencia de que estamos frente a una vida humana–, pero estaría mucho mejor que la ley no solo le diera ayudas y becas sino que garantizara que podrá usarlas porque nadie se lo cargará por el camino. La mejor ayuda que se puede dar al concebido no nacido, ¡qué duda cabe!, es dejarlo nacer.