Fundado en 1910
en el recuerdoAlfonso Ussía

Vanessa

No me han dejado. Mi mujer no acepta estar casada con otra mujer. Mis hijos no quieren dirigirse a mí como «Mamá Dos», y a mis nietos les repugna que pase de ser el Abuelo Alfonso a la Abuela Vanessa.

En los últimos meses he sufrido y soportado infinidad de injusticias. He sido víctima de la segunda opción del separatismo catalán. Dicen que el 40 por ciento de los catalanes son separatistas. Hay un 60 por ciento de catalanes decentes y patriotas. En ese 40 por ciento de separatistas existen cuatro grupos predominantes. El primero lo forman los separatistas que no ocultan sus sentimientos e intenciones. El segundo, los separatistas que juegan a dos bandas, que han sido mis ejecutores. El tercero, los que son separatistas, pero tan tontos, que todavía no lo saben. Y el cuarto grupo, los separatistas catalanes de toda la vida, es decir, los marroquíes y los Menas.

Y he llegado a una inteligente y durísima conclusión. Todo lo que me han hecho y lo que me van a hacer ha sido posible llevarlo a cabo porque soy varón, heterosexual, español, católico, monárquico y constitucionalista. De ser mujer, lesbiana, islamista, republicana y anti-Constitución, no se habrían atrevido a ir contra mí.

En vista de ello, he reunido a mi familia, que es muy numerosa, compacta y con sentido común, que es lo más parecido al sentido del humor. El sentido del humor nace de la aplicación estricta del sentido común.

–Aquí, donde la ves, mi hija pudo haberse casado con un Duque.

-¿Y por qué no se casó?

-Porque no quiso el Duque.

Sentido común. El notario leyendo el testamento de un millonario. Todos los posibles herederos vestidos de negro y con expresión avinagrada. También, vestida de negro, joven, y con una minifalda por el ombligo, una preciosa mujer. El notario procede a leer el testamento. «Y a Lolita, que se casó conmigo por mi dinero, le dejo mi dinero». Sentido común. Dos vaqueros se defienden de un ataque de un grupo de «pieles rojas». Los dos resisten amparados por una roca a pesar de tener clavadas en las orejas, las narices y los brazos decenas de flechas. Uno de los vaqueros le dice al otro. «Son apaches»; el compañero le corrige: «Para mí, Morgan, que son arapahoes»; y Morgan remacha: «Pues no sabes el peso que me quitas de encima». Sentido común.

La reunión, a pesar de la armonía que se vive en mi casa ha tenido momentos tensos. Las leyes de Irene Montero, la Belarra y demás tontas, amparan mi decisión. Mi decisión no es otra que convertirme en una mujer. Para ello no es obligatorio someterse a una operación de cambio de sexo, ni ser tratado con hormonas para tener tetas. Basta y sobra con presentarse ante el juez o la autoridad competente y firmar una declaración de sentimientos íntimos. «Me siento mujer». E Inmediatamente, eres mujer.

-¿Desea cambiar de nombre?

-Sí, señoría. Ser mujer y llamarse Alfonso puede resultar chocante. A partir de ahora mi ilusión es llamarme Vanessa, Irene o Lillith.

-Pues elija

-Vanessa, señoría, que suena a menos tonta-;

-Vanessa, pues.

-¿A partir de cuándo puedo llamarme Vanessa, señoría?-;

-Desde ahora mismo. Si lo estima conveniente, la Seguridad Social, siempre que no haya cotizado ni un euro en los últimos 25 años, le financiará la intervención quirúrgica de cambio de sexo.

-El problema es que he cotizado, sin fallar ni un mes, durante los últimos 45 años.

–En ese caso, si quiere cambiar el pito por la huchita, se lo tendrá que pagar usted.

-Prefiero quedarme como estoy, y sentirme mujer sin tocarme nada.

-Pues que le vaya bien Vanessa. Con este certificado la harán un nuevo DNI. Ya sabe que sólo le queda una oportunidad para recuperar su condición masculina.

–Gracias, señoría.

Pero no me han dejado. Mi mujer no acepta estar casada con otra mujer. Mis hijos no quieren dirigirse a mí como «Mamá Dos», y a mis nietos les repugna que pase de ser el Abuelo Alfonso a la Abuela Vanessa.

Es decir, que me quedo indefenso y a merced de los catalanes separatistas del segundo grupo, que son los más peligrosos. Igual de pelmazos, pero más peligrosos.

Que Dios me coja confesado.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 17 de septiembre de 2021