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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Marlaska, Ábalos y mi ficha política

En La vida de los otros, esa cinta brutal que retrata el seguimiento por la Stasi a artistas y periodistas en la Alemania comunista, a uno de los protagonistas le informan de que fue espiado. A él le extraña, aun así le aconsejan: «Mire detrás de los interruptores. Lo sabíamos todo»

Nunca hubiera pensado que terminaría dando las gracias a un ministro por la confianza depositada en mí. Pero Fernando Grande-Marlaska es el ministro de las primeras veces, como su jefe. Releyendo su historial, que no lo mejoraría ni uno de los malos a los que su departamento debería perseguir, es un honor haber ocupado unos minutos de su tiempo tan bien remunerado. Tiempo que dedicó a encargar a sus chicos de prensa una ficha sobre servidora de ustedes. Es verdad que un poco obsoleta, con datos desfasados y una foto antigua, pero se agradece el intento de la Brigada Social sanchista. Aunque, reconozcámoslo, demuestra que lo ha hecho con desgana, con una rutina funcionarial impropia de unos comisarios políticos que se precien. Es comprensible que un ministerio destinado a elaborar fichas policiales haya aprovechado la inercia para tomar la matrícula –política– a 280 tertulianos –algunos de ellos periodistas y otros activistas o políticos a sueldo–, porque el saber no ocupa lugar y un gobierno con aspiraciones autócratas sin una lista negra de plumillas ni es Gobierno ni es nada. Si Cerdán y Leire, con ayuda de la directora de la Guardia Civil de Marlaska, hocicaban en las cloacas del Estado para evitar sustos al presidente, ¿por qué no iba el ministro a encargar un dosier sobre esa canallesca que tanto le critica?

Si Pedro maniobra para convertir, con éxito, medios de comunicación en aparatos de propaganda, es natural que uno de sus tres ministros más longevos quiera saber quiénes han respondido positivamente al efecto corrosivo del poder y quiénes no. Por si tiene él que remachar algún clavo. A los no adscritos al régimen es tan fácil como definirlos así: posición ideológica de derechas, aborda temas políticos. Como ha hecho conmigo. Y ni tan mal. Le ha faltado poner: miembro activo de la fachosfera, habita al otro lado del muro. Me siento honrada compartiendo etiqueta ideológica –cada uno con sus matices– con mis compañeros de El Debate Bieito Rubido, Luis Ventoso, Ramón Pérez-Maura, Antonio Naranjo, Ana Martín, Antonio Jiménez y Ana Samboal, entre otros. Peor hubiera sido que, como a varios colegas, nos hubieran adornado con un «apoya al Gobierno» o «comparte las tesis del Gobierno» que refuta tantos discursos de compañeros del metal que reivindican su independencia del poder y resulta que éste los incluye entre sus trofeos más preciados. No hay derecho: levantarse todos los días, aprenderse el argumentario oficial, para que luego llegue un ministro achicharrado y te llame perrito faldero.

Pero, más allá de la broma, Marlaska no es un ministro cualquiera: es el ministro que atesora más reprobaciones de la historia de la democracia, el que tiene a casi todos sus directores de la Guardia Civil imputados, el primero que fabricó un informe policial para tapar coacciones a políticos de Ciudadanos en la marcha del Orgullo Gay, el primero que destituyó a un honorable coronel de la Guardia Civil porque no quiso chivarle una investigación judicial, el primero que acerca terroristas al País Vasco o los excarcela directamente al alimón con el PNV –la alimaña Parot es la última–, el primero que gestionó dolosamente el asalto a la valla de Melilla en 2022, con más de 180 agentes heridos, el único que echó de un velatorio la viuda de uno de los dos guardias civiles asesinados en Barbate en la persecución a narcotraficantes, el primero cuyo DAO ha tenido que dimitir tras ser acusado de violación por una subordinada y el que menos comprensión lectora ha demostrado con los informes del CNI que alertaban del ataque masivo a Ceuta. Esto de que alguien así te considere «de derechas» y aprecie en ti cierta distancia ideológica es un título de honor. Como tal lo conservaré, colgado en casa de mi madre junto al título de la Facultad. Eso sí, solo reprocharle algo al esforzado ministro de los señalamientos a periodistas. Ya sé que el orden alfabético obligaba a incluirme entre los primeros del listado, pero compartir página con Ábalos –por aquellos días, perito en tertulias– no me hace sentir especialmente orgullosa. Estoy con Sánchez, aun en su cinismo: «Es un documento poco afortunado». Dígamelo a mí, cohabitando con el tío de Jésica para la Gestapillo socialista.

En La vida de los otros, esa cinta brutal que retrata el seguimiento por la Stasi a artistas y periodistas en la Alemania comunista, a uno de los protagonistas le informan de que fue espiado. A él le extraña, aun así le aconsejan: «Mire detrás de los interruptores. Lo sabíamos todo». A lo que el vigilado, estupefacto, contesta: «Pensar que gente como usted dirigía el país…».