La inteligencia artificial y la vida
Vivir más es una aspiración legítima y alcanzable. Pero lo importante no es dar años a la vida, sino vida a los años. Y en eso puede ayudarnos la inteligencia artificial y de hecho así está sucediendo ya. Descarto por mis convicciones y mis creencias que la IA vaya a terminar con la especie humana
Jacob Coxon, el joven investigador británico que primero trabajó para Open AI y después para Anthropic a la que abandonó a comienzos de septiembre, nos ha dejado a todos estupefactos y preocupados al afirmar que la tecnología podía matarnos a todos antes de que termine la década. Sin compartir completamente sus tesis Darío Amodei, CEO de Anthropic, ha entrado al debate con un artículo titulado We Must Pace the Frontier (algo así como debemos marcar el ritmo o paso de la frontera). Amodei no defiende detener la IA , sino reducir deliberadamente la velocidad a la que crecen las capacidades de los modelos para dar más tiempo a implantar sistemas de seguridad. A esta propuesta se han sumado Sam Altman de Open AI y el polémico Elon Musk y se ha opuesto Trump quien ha calificado de «fuerzas negativas» a quienes defienden mayores restricciones para la IA ya que eso daría ventaja a los chinos, los grandes competidores de las compañías estadounidenses.
Saber si realmente, como propuso Coxon, la IA puede provocar a corto plazo riesgos catastróficos y acabar con todos nosotros, no está a mi alcance, pero me cuesta creerlo. Me agarro al Informe Internacional de Seguridad de la IA, 2026, elaborado por más de 100 expertos independientes donde se afirma que los sistemas actuales ofrecen señales tempranas de algunas capacidades relevantes, pero no hasta tal punto que supongan una pérdida de control.
En cualquier caso, la predicción de que la IA pueda terminar con nuestras vidas contrasta, aunque no sea incompatible, con la idea defendida por algunos de los padres de esa tecnología de que en poco tiempo vamos a tener una vida mucho más larga. Hasta ahora el récord de la longevidad lo posee la francesa Jeanne Calment que duró 122 años y algunos meses. Le sigue «a rueda» un costarricense, José Flores, que ha cumplido los 119 años y aspira a convertirse en el líder de la vida más larga. Probablemente el récord será superado por más gente ya que hay en el mundo entre 670.000 y 720.000 centenarios y entre 230.000 y 330.000 super centenarios, los que superan los 110 años. Pero ya existen «videntes» que pronostican una existencia por encima de los 160 años para dentro de una década o poco tiempo más. Entre ellos el propio Elon Musk, Darío Amodei, fundador de la IA Claude o el Premio Nóbel de Química y responsable de la IA de Google, Demis Hassabis, que pronostica que la IA podrá curar todas las enfermedades entre 2035 y 2040.
Entre que la IA acabe con nosotros o nos permita vivir casi el doble de la esperanza de vida actual, prefiero esta última opción, pero supongo que todos tenemos dudas razonables de que pueda ser una realidad a corto plazo. Y además si llegara a cumplirse para la mayoría de la gente, el pronóstico plantearía un problema difícilmente soluble: el de una población mundial con cifras desorbitadas. Me da miedo porque ninguna de las soluciones posibles resulta aceptable o sencilla. Reducir drásticamente la natalidad produciría un mundo sin niños, sin jóvenes, solo de gente mayor o muy mayor. No habría renovación de personas, de ideas, de las aportaciones que siempre suponen la juventud. Por otro lado, se corre el peligro de que si hay mucha gente mayor a alguien se le ocurra eliminar los excedentes. La IA se encargaría de ello de forma sencilla. Y, por último, no veo cercano un éxodo extraplanetario, la solución que más le gusta a Musk. Marte es un destino lejano no solo en el espacio, sino también en el tiempo. Si ya el mundo con una esperanza de vida en torno a los 80 años va a alcanzar en la segunda parte de este siglo unos 10.500 millones, imagínense a cuantos llegaríamos si se doblase esa esperanza o como algunos defienden alcanzásemos la inmortalidad.
Vivir más es una aspiración legítima y alcanzable. Pero lo importante no es dar años a la vida, sino vida a los años. Y en eso puede ayudarnos la inteligencia artificial y de hecho así está sucediendo ya. Descarto por mis convicciones y mis creencias que la IA vaya a terminar con la especie humana. Esa sería lo que en la Ciencia demográfica llamamos hipótesis catastrofista, a la que no se conceden demasiadas posibilidades. Viviremos más y en mejores condiciones de salud, pero no creo que tanto tiempo y en tan pocos años como el que nos auguran algunos gurús de la IA. El avance será progresivo e irá afectando poco a poco a cada vez más gente, lo cual permitirá ir adaptándonos a una situación para la que debemos buscar soluciones éticamente irreprochables.