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En primera líneaRafael Puyol

Madrid está mejor

Madrid seguirá creciendo gracias a la inmigración internacional, que nos llevará a cifras por encima del 35 % de nacidos fuera. El balance entre nacidos y fallecidos será ligeramente negativo y vendrán menos personas de otras comunidades de las que salgan hacia ellas

El Instituto Nacional de Estadística acaba de publicar su última proyección demográfica con horizonte final para toda España en 2076 y para las comunidades autónomas en 2041. Según este pronóstico y siempre que se mantengan las tendencias actuales, la mayoría de las comunidades (13 en total) incrementará su población. La Comunidad Valenciana (16,4 %), Islas Baleares (16,2 %) y la Comunidad de Madrid (14,4 %) experimentarán los crecimientos relativos más fuertes, mientras que Extremadura (-4,5 %), Asturias (-1,6 %) y Castilla y León (-1 %) los descensos más intensos.

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El Debate (Asistido por IA)

La Comunidad madrileña tendrá en 2041 8,2 millones de habitantes, un millón más que en 2026. Y como el conjunto del país, ese crecimiento se deberá a la inmigración internacional con un saldo positivo de 1,3 millones. Si el crecimiento real presumible es algo más pequeño, se debe a que habrá un saldo natural ligeramente negativo y sobre todo un balance desfavorable de la movilidad con otras comunidades. Madrid ya no es el «rompeolas de todas las Españas» como la definió Antonio Machado. Ha cambiado esa condición de destino secular de las migraciones de otras zonas del país por la de foco prioritario para los migrantes internacionales. Por supuesto, seguirán llegando personas del resto de España (1,7 millones en el periodo 2026-2041), pero serán más los que salgan a otras regiones (2 millones). El balance general supondrá el crecimiento de los nacidos en el extranjero en el censo de la población madrileña. En 2026 eran el 26 %; en 2041 serán el 36 %. Al igual que otras grandes metrópolis, Madrid se convertirá (ya lo es en cierto modo) en una ciudad cosmopolita debido a esa multiplicada presencia de población extranjera que se asentará prioritariamente en la ciudad y sus áreas metropolitanas. La capital de España y, en general, toda la Comunidad han sido siempre zonas de acogida con muy bajos niveles de discriminación y rechazo de los que vienen de fuera. Aunque otras ciudades como Gijón o La Coruña lo emplean, el eslogan de que Madrid y, por ende, la Comunidad, son lugares donde nadie se siente forastero, es particularmente pertinente. Sin duda, la región tiene tradición y oficio para acoger a una población foránea tan numerosa, pero resulta innegable que la previsible llegada de tantos seres de fuera va a plantear retos importantes que será necesario prever con tiempo para evitar consecuencias indeseables. Desafíos que tienen que ver con la integración de esas personas, con la necesidad de nuevas viviendas, con la multiplicación de los servicios sanitarios y educativos para atenderlas, con un posible recrudecimiento de las actitudes xenófobas. No son ninguna de ellas tareas fáciles y todas van a exigir imaginación y recursos y la necesidad de plasmarlas en una política que contemple todas las perspectivas del fenómeno migratorio.

No parece que el crecimiento demográfico madrileño vaya a tener otros ingredientes. Madrid posee una natalidad y un saldo vegetativo algo mejores que los de otras comunidades, pero este último resultará desfavorable en los próximos 15 años (3.000 defunciones más que nacimientos). Ojalá que la actual política de ayuda familiar dé mejores resultados en el futuro, pero es preciso reconocer que no se producirán cambios demasiado sustantivos. El número medio de hijos por mujer es en la actualidad de 1,1 y la proyección prevé mejoras sustanciales. Y no se presumen tampoco modificaciones en lo que se refiere a una anticipación de la edad a la que se tiene el primer hijo (33,4), que podría facilitar una mayor descendencia. Además, cada vez hay menos mujeres en edad de procrear debido a las bajas natalidades previas. Por otro lado, el número de defunciones va a crecer debido al aumento de las personas mayores.

La combinación de la caída de la natalidad y el aumento de la longevidad (las mujeres rebasarán en 2040 los 89 años de esperanza de vida y los hombres los 85) provocará una acentuación del envejecimiento. Las personas de 65 años y más pasarán de representar un 19 % en 2026 a un 24,5 % en 2040. El valor es alto, pero algo inferior a la media española (26,8%). No obstante, asistiremos a un envejecimiento de la propia vejez. En 2040 habrá 637.000 octogenarios y 7.500 centenarios, especialmente mujeres. El reverso de la moneda será la disminución progresiva del número de jóvenes, aunque también aquí la situación es mejor que la media española.

En resumen, Madrid seguirá creciendo gracias a la inmigración internacional, que nos llevará a cifras por encima del 35 % de nacidos fuera. El balance entre nacidos y fallecidos será ligeramente negativo y vendrán menos personas de otras comunidades de las que salgan hacia ellas. Y en su conjunto, la población alcanzará mayores niveles de envejecimiento y menores porcentajes de población joven. Madrid reproduce las condiciones del modelo demográfico español, pero, por el momento, está mejor.

  • Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica
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