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En primera líneaRafael Puyol

El reto demográfico

Yo creo que hay tres cuestiones demográficas que deberían suscitar la atención del reto: la bajísima fecundidad y natalidad que tenemos, la fuerte inmigración que recibimos y el acelerado envejecimiento que experimentamos. Esos sí que son retos importantes de nuestra población que habría que enfrentar sin demora

Fue en el año 2017, en la VI Conferencia de Presidentes Autonómicos, cuando se decidió poner en marcha un marco estratégico (2019) para la política del reto demográfico que definiera las directrices para enfrentar la problemática del progresivo envejecimiento, el despoblamiento territorial y los efectos de la población flotante (inmigración). Ya se observó desde entonces que «el reto» se identificaba de una manera muy prioritaria con la despoblación del mundo rural a la que iban dirigidas las 130 medidas de las que constaba el plan establecido.

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El Debate (asistido por IA)

En el año 2019 el reto adquiere mayor pedigrí administrativo con la creación de una secretaría general, dentro de la cual se sitúa una Dirección General de Políticas contra la despoblación, temática que se consolida como el objetivo prioritario de la acción ministerial en materia demográfica. Esta apuesta prioritaria queda recogida en el Nuevo Marco Estratégico acometido en 2025 que define una renovada estrategia nacional para «la equidad territorial y el reto demográfico», establece un Plan de Acción estatal y crea un observatorio para el análisis y seguimiento de los desafíos que plantea «el Reto».

Tuve la ocasión de escuchar hace días la intervención que tuvo el actual secretario general del reto, Francesc Boya, en un desayuno de trabajo. Expuso las grandes líneas de la nueva estrategia que se reduce, en consonancia con la política anterior, a enfrentar y paliar los efectos de la despoblación con la finalidad última de buscar una «equidad territorial» y reducir las fuertes desigualdades entre las zonas pobladas y las despobladas, entre las áreas rurales y las urbanas.

Es una loable intención, pero con pocas posibilidades de éxito. Caben acciones puntuales para mitigar el éxodo rural de algunas zonas o para favorecer un cierto repoblamiento de ciertas áreas. Pero tratar de frenar la despoblación en la mayor parte del país o intentar que la vuelta al campo alcance cifras significativas es simplemente una quimera. Y por muchos esfuerzos que se hagan nunca lograremos dotar a todas las áreas rurales de los servicios que las homologuen con las urbanas e impidan que sus habitantes las abandonen.

Centrar todos los esfuerzos del reto demográfico en luchar contra la despoblación es matar moscas a cañonazos. Aunque se establezcan objetivos modestos es difícil alcanzar resultados satisfactorios . Y mientras tanto la casa sin barrer, sin enfrentar otros «retos demográficos» que reclaman atención urgente y que están bastante desatendidos.

Yo creo que hay tres cuestiones demográficas que deberían suscitar la atención del reto: la bajísima fecundidad y natalidad que tenemos, la fuerte inmigración que recibimos y el acelerado envejecimiento que experimentamos. Esos sí que son retos importantes de nuestra población que habría que enfrentar sin demora. Pero no parece que los tiros vayan por ahí. El nuevo marco apenas los menciona y no define estrategias para abordar sus consecuencias. Y las tienen y de mucho alcance. Cada vez nacen menos niños en España y cada vez hay menos jóvenes con todo lo que eso representa para nuestro mercado laboral, nuestra economía y nuestro proyecto como país. Necesitamos una política de ayuda familiar que en definitiva es una política social con repercusiones favorables para la natalidad. Recuerdo, una vez más, que una política de este tipo no es de izquierdas , ni de derechas; es políticamente neutra, pero demográficamente necesaria. De la misma manera necesitamos una política migratoria renovada ,sensata y con el mayor grado de consenso posible.Es preciso lograr que la inmigración deje de ser una cuestión de enfrentamiento permanente entre los partidos políticos y establecer normas que definan una estrategia a corto y medio plazo para regular todas las cuestiones básicas del proceso inmigratorio. Y es necesario también un plan para normalizar los efectos del envejecimiento , los que plantean desafíos importantes como el pago de las pensiones el aumento de los gastos sanitarios o la dependencia, y los que ofrecen ventajas incuestionables como la contribución de los séniores al mercado laboral o las que ofrece la «sénior economy».

En una palabra, España necesitaría un Plan Demográfico integral que abordase las cuestiones de población mencionadas: por supuesto la despoblación, aunque poco se pueda hacer para resolverla, pero también, la natalidad, la inmigración y el envejecimiento. Y quien mejor para esa tarea que el negociado ministerial que se ocupa del Reto demográfico. El reto demográfico español es por lo menos cuádruple y centrarse en uno solo es reduccionista y además poco eficaz. Entiendo que es de justicia procurar unas mejores condiciones de vida a quienes habitan esa extensa, pero despoblada zona rural, pero eso no significa que el estado deba olvidar los otros desafíos demográficos que tiene la mayoría de nuestra población. Atender esa problemática es también de justicia social y de consecuencias económicas positivas.

  • Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica
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