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En primera líneaRafael Puyol

¿Cuántos niños necesitamos para evitar el declive de la población?

Eurostat, el órgano estadístico de la Unión Europea, calcula que para seguir creciendo necesitaríamos una tasa de fecundidad en torno a 1,6 hijos por mujer, que se traduciría en unos 460.000 nacimientos. Es decir, precisaríamos unos 100.000 más de los que nacen en la actualidad

Muchos de ustedes están probablemente familiarizados con la llamada tasa de fecundidad o número medio de hijos por mujer, que cuantifica los niños que tiene cada una de las mujeres en las edades estadísticamente fértiles, es decir, entre 15 y 49 años. Ese indicador permite calcular el llamado índice de reemplazo que se sitúa en 2,1 hijos por mujer. Erróneamente, se supone a veces que un valor por debajo significa un descenso de la población y otro por encima un crecimiento, mayor o menor, según sea el valor de esa tasa.

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El Debate (asistido por IA)

España ha tenido en 2024 un índice de fecundidad de 1,10 hijos por mujer y 318.005 nacimientos. Si tuviéramos una tasa de 2,1 alumbraríamos alrededor de 560.000, es decir, que estamos a una diferencia de 240.000 nacimientos para renovar las generaciones. Una diferencia tan grande con los nacimientos necesarios, que además son muchos menos que las defunciones (436.124) podría hacer pensar que perdemos población y, sin embargo, todavía crecemos. La razón reside en el balance migratorio positivo que compensa las pérdidas del saldo natural (nacimientos/defunciones) y permite ese aumento de la población total

Así pues, en el crecimiento o disminución de la población actúan dos balances: el saldo natural o vegetativo y el saldo migratorio ( relación entre emigrantes e inmigrantes ) y ambos están relacionados de tal manera que además de la tasa de fecundidad que seguimos utilizando, pero que no es válida por sí sola para evaluar el crecimiento/decrecimiento de una población al no tener en cuenta las migraciones, empleamos la llamada «tasa de reemplazo ajustada por migración», MAFR (migration-adjusted replacement fertility rate)por sus siglas en inglés. Su significado es sencillo: si un país recibe inmigrantes necesita menos nacimientos para mantener su población estable. Sí, por el contrario, pierde población por emigración precisa más nacimientos para compensar el éxodo. Por eso, la tasa de reemplazo ajustada por migración puede ser menor de 2,1 en países con saldo migratorio positivo, como Suecia, Austria o Alemania, o mayor de 2,1 si son naciones emigratorias, como Lituania, Croacia o Rumanía. En el futuro, a Suecia, con el balance migratorio que posee, le basta una tasa de fecundidad de 1,3 hijos por mujer para crecer y a Alemania de los 1,4 hijos por mujer. En cambio, Rumanía necesita una tasa de 2,4 hijos por mujer y Lituania de 2,6 hijos por mujer.

¿Y España? ¿Qué fecundidad deberíamos de tener si queremos evitar en el futuro el declive de nuestra población? Pues como tenemos un balance migratorio positivo Eurostat, el órgano estadístico de la Unión Europea, calcula que para seguir creciendo necesitaríamos una tasa de fecundidad en torno a 1,6 hijos por mujer que se traduciría en unos 460.000 nacimientos. Es decir, precisaríamos unos 100.000 más de los que nacen en la actualidad. ¿Y los vamos a tener? Yo creo que no va a ser fácil cómo no seamos capaces de establecer una política de ayuda familiar generosa y eficaz que revierta esa fecundidad tan baja y permita el cumplimiento de la aspiración de la mayoría de las parejas que viven en España (y que se plantean tener hijos), de concebir alrededor de dos.

En un flash del Eurobarómetro en 2023 se señala que cerca del 50 % de los ciudadanos de los 27 afirma que el futuro demográfico de la Unión demanda acciones firmes por parte de sus dirigentes, tanto en el plano de la natalidad como en el de las migraciones. Y es que no tiene sentido plantear como factor fundamental del crecimiento o la natalidad o la inmigración. Ambos componentes son necesarios y además complementarios. Los informes Draghi y Letta manifiestan la preocupación sobre un declive de la fuerza laboral en la Unión causado por la caída de la natalidad y por la jubilación de las generaciones del baby boom. Una política de ayuda familiar contribuiría a resolver esta situación en el medio plazo ( necesitaría al menos dos o tres décadas). En cambio, la inmigración suministra ayuda inmediata para resolver ciertos déficits de trabajadores. Requeriríamos, pues políticas realistas que dosifiquen cada uno de los componentes del crecimiento. Algunos autores hablan del suicidio demográfico de Europa que atribuyen básicamente al descenso de la natalidad. No favorecer una inmigración medida y sensata sería otra especie de suicidio poblacional como el que sufren los estados del este de la Unión, que reúnen la peor de las combinaciones posibles: una fecundidad muy baja y un saldo migratorio negativo. Se puede estar en contra de la inmigración por muy diferentes razones, pero nunca por motivos demográficos.

  • Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica
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