Cada vez menos madres
No obstante, esos casi 80.000 niños alumbrados por las madres alóctonas son bastante menos de los que parían hace unos años (102.000 en 2009). La fuerte caída de la natalidad en España ha afectado tanto a los hijos engendrados por las madres nativas, como a los concebidos por las extranjeras
Hace unos meses visité a una sobrina que acababa de dar a luz. Estando en su habitación, la hora de la cura me llevó a una sala de espera donde me encontré a dos señoras de mediana edad en animada conversación. «En este hospital no nacen más que 'inditos' y 'negritos'», decía una de ellas, a lo que la otra contestó rotunda: «Bueno, eso pasa en toda España; hay que ver, si es que nacen ya más niños de fuera que españoles». Cómplice, su colega remató la afirmación con un lamento: «Sí, no sé dónde vamos a llegar». Las dos protagonistas no eran precisamente demógrafas de profesión, pero realizaban sus comentarios con tal firmeza que difícilmente hacían dudar de su pertenencia a tal disciplina
Ante juicios tan disparatados guardé un prudente silencio, pero el diálogo me hizo pensar que la gente normal de nuestro país sabe muy poco de lo que las madres extranjeras aportan a la natalidad en España y que en éste, como en otros asuntos de la inmigración, menudean las falsas percepciones cuando no los mitos o los prejuicios.
La inmigración es un tema controvertido que exige un análisis desapasionado, basado en datos objetivos y alejado de los apriorismos ideológicos o los posicionamientos políticos. En lo que a la natalidad de los extranjeros se refiere partiré de dos afirmaciones previas. No es cierto que nazcan más niños de madres foráneas que de españolas y no se puede afirmar que la fecundidad de las primeras esté desbordada con descendencias habituales generosas. Veamos los datos reales (I.N.E.). En el año 2023 nacieron 78.000 niños de madres extranjeras por 242.000 de madre española. La primera cifra da un porcentaje del 25 % que está muy bien ya que las potenciales madres de fuera son muchas menos que las autóctonas. No obstante, esos casi 80.000 niños alumbrados por las madres alóctonas son bastante menos de los que parían hace unos años (102.000 en 2009). La fuerte caída de la natalidad en España ha afectado tanto a los hijos engendrados por las madres nativas, como a los concebidos por las extranjeras. Esta última circunstancia pone de manifiesto un hecho que se repite en todas partes: que al cabo de un tiempo, la conducta fecunda de las madres inmigrantes acaba acercándose a la de las madres nativas.
Además esos comportamientos de fecundidad desbordada atribuidos a las madres de fuera, tampoco resultan ciertos. El número medio de hijos por mujer de las madres nativas es de 1,09, un valor francamente bajo que hace difícil la recuperación; pero es que el índice de las extranjeras está en 1,28 hijos por mujer, muy alejado del valor de 1,71 del año 2016 y a mucha distancia del que sería necesario para renovar las generaciones (2,1 hijos por mujer). La palabra espectacular referida a la caída de la fecundidad de las madres autóctonas conviene perfectamente al descenso observado entre las extranjeras. Y aún hay otra característica que las acerca: la edad media a la maternidad. La española está en 33,1 años y la foránea en 30,5. Se ha producido en los últimos años un envejecimiento de la maternidad que ha afectado por igual a todas las madres. Es verdad que estos valores medios enmascaran diferencias entre nacionalidades, pero la evolución descrita –caída del volumen de alumbramientos, disminución del número medio de hijos por mujer, retraso en la edad media de la maternidad– se reproducen en todas ellas.
El fuerte retroceso de la natalidad es uno de los datos más preocupantes de la demografía española actual. Los hijos de madres extranjeras alivian el desolador panorama que ofrece el censo de niños de las madres autóctonas. No es despreciable que un cuarto de los vástagos que nacen en el país tenga madres de fuera, pero también éstas han entrado en comportamientos aceleradamente malthusianos, sobre todo en los últimos años. Qué lejos está la situación actual de la que teníamos hace algunos años y que panorama tan distinto tiene la natalidad de las madres extranjeras del percibido por las dos señoras que yo escuché en la clínica madrileña, convencidas de la existencia de una cierta explosión de nacimientos de «inditos» o «negritos». Lo que está sucediendo es lo contrario. No me cansaré de decirlo. Este país necesita políticas sociales que apoyen a las parejas en sus pretensiones reproductivas y eso es válido para los españoles y para los extranjeros. Ya hay comunidades que con mayor o menor éxito las han implementado, pero necesitamos una verdadera política nacional de ayuda familiar que por el momento parece olvidada en los objetivos que contempla el reto demográfico.
Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica