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en primera líneaIgnacio Camuñas

El Rey ante un gobierno desleal

¿No sería deseable, a título de ejemplo, que se reservase ese margen de autonomía personal, al menos una vez al año, con ocasión del discurso de Navidad? ¿Qué precepto de la Constitución obliga al Monarca a consensuar con la Moncloa el texto de su discurso navideño?

En estos días abundan en las redes sociales comentarios y juicios de valor poco gratos para nuestro Rey. La difícil coyuntura que atraviesa nuestro país en estos momentos es propicio para ello y si, además, el gobierno de turno con Sánchez a la cabeza no para de cometer errores y disparates es natural que el descontento de la ciudadanía crezca por momentos. El clima político es cada vez más irrespirable y el Rey no queda por tanto al margen de la situación que estamos viviendo.

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El Debate (asistido por IA)

Las críticas al papel del Rey en la actual coyuntura son más propias de círculos políticos de la derecha que de sectores propios de la izquierda que por el momento callan porque les conviene. La mayoría de las veces la queja se produce porque el Rey acepta complacer los requerimientos del Gobierno sin dilación, siendo así que el gobierno actúa por lo general en defensa de sus necesidades electorales sin importarle en demasía los intereses generales del país. Para cualquier Rey, y en este caso muy particularmente para el nuestro, reinar con un gobierno cuya lealtad es «manifiestamente mejorable» resulta, en verdad, muy difícil y embarazoso. Los constituyentes nunca pensamos, al establecer los poderes del Rey en la Constitución, que el Monarca tuviera que lidiar con un individuo como el actual presidente del Gobierno que es todo menos una persona honorable, pues acepta una y mil veces mentir con descaro siempre que lo necesita para su discurrir político.

¿Puede el Rey hacer frente al presidente del Gobierno cuando éste pretende utilizarle a su antojo sin que de origen a una crisis política que es lo que menos necesita España en estos momentos? La respuesta es claramente que no debe hacerlo, pero eso no obsta para que desde distintos sectores del país se manifiesten a menudo reparos y críticas por la excesiva mansedumbre con las que el Rey acepta aquello que en cada caso mejor conviene al gobierno que no siempre es lo que mejor conviene al país.

Lo estamos viendo reiteradamente con motivo de las distintas crisis y catástrofes que acontecen últimamente en España. En dichas ocasiones el presidente del gobierno busca desesperadamente el cobijo y amparo del Rey creyendo que así evita los dicterios y descalificaciones que los ciudadanos le dedican últimamente con creciente frecuencia, No digamos nada de las ceremonias a modo de funerales laicos que el gobierno gusta organizar bajo la presidencia del Rey. Esta nueva moda inaugurada por el gobierno que no goza de arraigo y tradición alguna en nuestro país, causa a ojos de muchos españoles extrañeza, malestar y hasta profundo desagrado. Otro tanto ocurre con las visitas al extranjero y los discursos que frecuentemente tiene que dirigir el Rey ante autoridades de otros países. Es lógico y hasta exigible que el Rey ajuste sus intervenciones tomando en consideración la línea política que defiende el gobierno de turno de la Nación. Nada que objetar. Pero sería deseable que el Rey utilizara en esas ocasiones una fórmula que resolvería la cuestión con elegancia, evitando innecesarias complicidades. La fórmula que propongo y que es bien conocida y utilizada en otras monarquías, consistiría en utilizar la expresión siguiente: «Mi gobierno defiende» o «Es criterio de mi gobierno» etc., etc. Así quedaría claro que él no compromete su visión personal sobre la cuestión, sino que habla trasladando la posición de su gobierno a sus interlocutores, quedando el Rey libre de compromiso personal alguno. ¿O es que el Rey tiene que manifestarse partidario de la teoría de los dos Estados en el conflicto del Oriente Medio y estar obligado a defender la Agenda 2030 y proclamar su fe absoluta en la teoría del cambio climático? Todas estas cuestiones y otras varias son perfectamente defendibles por cualquier gobierno, pero no tienen el aval de todas las fuerzas democráticas del Parlamento español y por ello el Rey no tiene que manifestarse personalmente a favor de ellas, sino simplemente reseñar cuál es la posición de su gobierno sobre los distintos temas que están de actualidad en cada momento. No conviene olvidar que el Rey es el máximo exponente de la Nación española y debe quedar siempre al margen y por encima de lo que opinen las distintas fuerzas políticas del país en cuestiones perfectamente discutibles.

Dicho todo lo cual vuelvo a insistir en lo que anteriormente destaqué. Es imposible reinar con éxito si el gobierno de turno no actúa con exquisita y permanente lealtad, pero, no obstante y aun así el Rey debiera tener manera de hacer patente su independencia y la debida distancia ante los acontecimientos políticos del momento.

¿No sería deseable, a título de ejemplo, que se reservase ese margen de autonomía personal, al menos una vez al año, con ocasión del discurso de Navidad? ¿Qué precepto de la Constitución obliga al Monarca a consensuar con la Moncloa el texto de su discurso navideño? El Rey reina, pero no gobierna, según establece nuestra Constitución, pero nunca debiera quedar al albur de las conveniencias e intereses espurios del presidente del gobierno de turno. El Rey tiene a mi juicio un respaldo tan explícito del pueblo español que le otorga un amplio margen de maniobra para zafarse de las trampas y añagazas que le tiende a veces el inefable inquilino de la Moncloa.

Ni que decir tiene que todo lo que afirmo en el presente artículo lo hago desde el respeto que merece y la lealtad que profeso al titular de la Corona.

  • Ignacio Camuñas Solís fue ministro para las Relaciones con las Cortes (1977-1979)
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