La subida del SMI que impone el Gobierno pero paga siempre el empresario: donde dicen 1.221 euros, son casi 1.900 para él
Convertir los 17.094 euros brutos anuales del salario mínimo en el sueldo más común, es tener que tragarse el sapo de que España ha renunciado a crecer por arriba
España es ese país donde el salario mínimo interprofesional ha dejado de ser el suelo del mercado laboral para convertirse en el pilar que lo sujeta. Los 1.221 euros mensuales en 14 pagas pactados por Yolanda Díaz y los sindicatos no son el sueldo de los trabajadores de baja cualificación. Ni el de los jóvenes que consiguen su primer empleo, sino el de muchos empleados con responsabilidades y equipos a su cargo. El SMI empieza a ser el salario más frecuente. Con lo que ello conlleva: más frustración social, menores incentivos para formarse y progresar, expulsión del talento, y la evidencia de una economía que pierde competitividad sin remedio.
En esta ocasión la vicepresidenta segunda del Gobierno no ha montado el numerito del año pasado, cuando fingió no saber que la cuantía de 1.184 euros –la todavía vigente–, obligaría por primera vez a sus perceptores a tributar por IRPF. Menuda bronca tuvo con Hacienda, cuando los informes elaborados por su propio Ministerio ya le habían advertido al respecto. Aún nos acordamos de aquella rueda de prensa en la que Pilar Alegría llegó a desautorizarle públicamente. De vergüenza. Al final el problema se resolvió introduciendo una deducción para los nuevos asalariados del SMI en la declaración de la renta. Una fórmula, por cierto, mucho más beneficiosa para las arcas públicas que la elevación del mínimo exento, como también se planteó en su momento. La banca de María Jesús Montero siempre gana.
Pero eso sucedió en 2025 y este enero, aprendida la diferencia entre el bruto y el neto por parte de Yolanda Díaz, el proceso ha resultado bastante más tranquilo. Bueno, eso si obviamos que las patronales han vuelto a ser expulsadas del acuerdo, lo que sigue suponiendo un escándalo por mucho que ya hayamos visto el mismo desenlace de la película una y otra vez.
Trabajo filtró a los medios afines que incluiría en su propuesta una deducción del impuesto de Sociedades para las empresas que contraten trabajadores con sueldos por encima del SMI
A mediados de semana, Trabajo filtró a los medios afines que incluiría en su propuesta a CEOE y Cepyme una deducción del impuesto de Sociedades para las empresas que incrementen el número de trabajadores con retribuciones por encima del salario mínimo. Como si tal ocurrencia de última hora compensara los costes asociados a la nueva actualización del SMI y sustituyera su indexación a los contratos públicos, que es lo que, en justicia, llevan reclamando los empresarios desde hace tiempo. Y encima dejaban fuera a 500.000 autónomos empleadores que tributan por módulos o estimación directa. Más que una propuesta, un chiste, como dijo Lorenzo Amor, presidente de ATA y vicepresidente de la CEOE. Un chiste de trileros sin gracia alguna.
Porque los costes laborales de un trabajador que cobre el salario mínimo han subido 5.000 euros en los últimos cinco años y 9.000 desde que Sánchez se instaló en el Palacio de la Moncloa. Y si el empleado va a percibir ahora 1.221 euros al mes, a su empleador le costará 672 euros más. O sea, 1.893, lo que resulta inviable para muchos negocios pequeños que en su conjunto aportan casi dos tercios del total de puestos de trabajo en España, según tiene contabilizado Fedea. ¿Puede extrañarle a alguien que sólo el año pasado perdiéramos 8.100 autónomos empleadores?
El Banco de España estimó que la subida del SMI del año 2019 supondría la desaparición de hasta 174.000 empleos
El Banco de España del gobernador Hernández de Cos –no el actual de Escrivá, que ni está ni se le espera– estimó que la subida del SMI del año 2019 supondría la desaparición de hasta 174.000 empleos. Sumando los efectos posteriores, los economistas del Instituto Juan de Mariana hablan de un impacto total de 210.000 puestos de trabajo destruidos entre 2019 y 2023 con la previsión de llegar a 270.000 en 2024, conforme a las últimas estadísticas disponibles.
Y a todo esto hay que sumar que la Encuesta de Estructura Salarial (EES), que sirve de base a Trabajo a la hora de calcular el salario medio, no contempla los sueldos que se pagan en la agricultura, la ganadería, la pesca o el servicio doméstico. Eso genera una distorsión al alza, ya que se trata de sectores intensivos en mano de obra que concentran gran parte del SMI. La conclusión es que el salario medio resultante de esa Encuesta es superior al dato real y por tanto, el SMI equivalente al 60 % del sueldo medio en teoría, está claramente sobredimensionado. Los asesores de Yolanda Díaz saben que sería más adecuado usar la EPA, pero no les conviene decírselo a la ministra. No vaya a ser que se enfade.
Sea como fuere, la discusión de fondo no reside tanto en el SMI como en por qué los salarios medios no suben. Y la respuesta se antoja de lo más incómoda: costes laborales inasumibles, baja productividad, exceso de empleo de bajo valor añadido, y una cultura económica que prioriza la supervivencia sobre la excelencia. Convertir los 17.094 euros brutos anuales del salario mínimo en el sueldo más común, es tener que tragarse el sapo de que España ha renunciado a crecer por arriba. Qué triste.
- Susana Burgos es periodista especializada en economía y empresas y formadora de portavoces