Imperfectos o limitados
Al decir que el hombre es imperfecto, aunque se haga de forma inconsciente, se expresa una excusa para huir de responsabilidades
Es muy corriente oír que los humanos somos seres imperfectos o realizamos obras imperfectas, un modo de hablar aceptable en términos coloquiales, pero que si se analiza en profundidad, tiene mayor contenido.
El hombre no es imperfecto y, además, como obra divina ni siquiera puede serlo pues el Creador no puede metafísicamente -según la acepción cuarta de la RAE- obrar mal, su propia naturaleza le impide crear una obra mal hecha.
Sin embargo, percibimos fallos en la actuación humana y en su propio ser ¿Cómo se concilia lo uno con lo otro? La contestación es que la naturaleza humana está limitada y su limitación se hace más evidente en comparación con las concepciones que su entendimiento puede llegar a alcanzar.
Un ejemplo básico: por bien construido que esté un silogismo, aunque su conclusión esté acorde con los planteamientos de las premisas y por más que se le explique con el mayor detalle, ningún caballo puede llegar a entenderlo y eso no determina que el équido sea imperfecto, es un caballo perfecto con crin y cola, pero tiene una naturaleza limitada que no puede desentrañar conceptos abstractos.
Algo parecido ocurre con los humanos, poseen entendimiento para conseguir sintetizar y, de situaciones concretas o cosas reales, llegar a conocer y definir lo que Platón llamó ideas, conceptos abstractos que definen la esencia de los seres o las actividades. Sin embargo esas ideas no tienen existencia real, es decir no existen en el mundo limitado en el que vivimos, pero somos capaces de conocerlas en el mundo ideal que sólo existe en nuestro pensamiento.
El ser humano tiene limitaciones y una muy evidente es el tiempo. Además de las tres medidas que definen todas las cosas, longitud, anchura y profundidad, el tiempo es la cuarta medida a que está sujeto el hombre. Para toda persona hay un antes y un después y también un presente que es el de las decisiones, mas estamos tan inmersos en el tiempo que no lo consideramos una limitación, es parte de nosotros.
Las angustias que puede causar la idea de la predeterminación, por ejemplo, son hijas de la incapacidad para entender lo que sería nuestra vida si el tiempo no nos condicionara. Nuestra limitación temporal no nos permite contemplar una situación distinta, lo mismo que le pasa al caballo con el silogismo y mis disculpas por el símil.
Al decir que el hombre es imperfecto, aunque se haga de forma inconsciente, se expresa una excusa para huir de responsabilidades. Si fuéramos imperfectos, los errores serían producto de la imperfección, de la incapacidad de actuar bien porque una naturaleza imperfecta no puede producir actos perfectos, y por lo tanto la responsabilidad sería de la naturaleza humana y no del hombre que comete dichos actos.
Al final es miedo a la responsabilidad, a reconocer que la libertad de los humanos, llamada tradicionalmente libre albedrío, implica la plena responsabilidad de sus actos, porque se han realizado en completa libertad y con entera voluntad.
Aceptemos lo que somos, aceptemos que tenemos limitaciones, aceptemos que podemos concebir un mundo ideal y aceptemos también que ese no es el nuestro. Aquí, en la tierra estamos a la cabeza de las criaturas, valoremos la situación de privilegio pero afrontemos también nuestras responsabilidades.
Y no lastremos con imperfecciones a nuestra libertad, que es nacida del amor, porque el Creador nos la regaló para que pudiéramos amarle libremente, pues un amor forzado nunca es amor.
- El marqués de Laserna, Íñigo Moreno de Arteaga, es académico de honor de la R.A. de la Historia