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Estados Unidos, amo del mundo

Europa no lo reconoció del todo y se permitió ciertos pinitos políticos

Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial recompuso Europa, destrozó el Imperio Austríaco y dio luz a varios estados en el Este continental porque fue el verdadero triunfador de la contienda.

Europa no lo reconoció del todo y se permitió ciertos pinitos políticos: intento comunista en Hungría, una república en España, el nacionalsocialismo en Alemania y la guerra colonial de Abisinia. Después acaeció la Segunda Guerra Mundial y la victoria incontestable de los EE.UU., rematada con armas atómicas.

Estados Unidos, amo del mundo

El Debate (asistido por IA)

El domino estadounidense es abrumador y como ha ocurrido en otras épocas, no se ha circunscrito al poder militar y político, también ha transcendido a las costumbres y a la cultura.

¿Hace falta recordar la Coca-Cola y los vaqueros? Pero el influjo americano no se detiene en hábitos intrascendentes, ha ocupado profundamente el ámbito de las ideas.

En la cultura, el idioma americano (me resisto a llamar inglés la parla de Norteamérica), es la lingua franca de nuestra época, sin competencia con ninguna otra porque es el vehículo de una sociedad globalizada.

El cine, más en móviles que en pantalla, es hoy la primera de las artes por la supremacía de la imagen sobre las otras formas de expresión, está bajo el imperio de Holywood. Sus estrellas son figuras mundiales, sus vidas motivo de seguimiento y hasta sus opiniones se respetan aunque el motivo de su éxito es la interpretación y no los estudios.

En potencia militar tiene una magnitud abismal frente al resto de los países, servida por una poderosa industria y eficaz investigación. Para el común de los ciudadanos basta con visitar uno de los 11 mastodónticos portaviones nucleares que visitan los mares del ancho mundo.

En política, el mimetismo con los EE.UU. supera con mucho el alcanzado por los Austrias españoles o el de Luis XIV que le costó la cabeza a Carlos I de Inglaterra por imitarle. EE.UU. ha impuesto su forma de organización política hasta el punto de que un régimen en el que el gobierno no ha sido elegido por sufragio universal, no se considera válido. Aceptado el principio, cada cual lo interpreta a su manera: Estados Unidos elige representantes y en China se eligen a sí mismos.

Un hombre, un voto, es el axioma aunque niegue legitimidad a casi todos los gobiernos que han existido en el mundo pues la extensión del voto a las mujeres llegó a Inglaterra en 1918, a España en 1933 (con oposición y voto contrario del partido socialista) y en el propio EE.UU la población de raza negra pudo, al fin, votar en 1870 y hasta 1965 no se prohibieron las prácticas discriminatorias.

El voto es la base de una política pragmática; buscar la verdad es largo y complicado y resulta más rápido votar que reflexionar; el sistema no niega que exista la verdad solamente se inclina por lo inmediato para decidir. A la larga, esa práctica acostumbra al político a no reclamar la verdad y el relativismo llena la vida pública: la verdad y el error en el mismo plano.

Y mueve a reflexionar si no se debería demandar la verdad en temas transcendentales: La corrupción en la Administración pública, partidos con antecedentes terroristas y separatistas coexistiendo en un Estado de derecho, el interés de un partido primando frente al del país y finalmente olvidar la realidad en la eutanasia o el aborto.

  • El marqués de Laserna es académico de honor de la R.A de la Historia
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