El terrorismo y la sumisión de Sánchez
Sánchez ha convertido en socios preferentes a herederos políticos de los terroristas que incluso incluyen a algunos en listas electorales, se apropian y condicionan leyes, así la cacareada de Memoria Democrática, y se preparan para gobernar el País Vasco ante la ceguera del PNV
La Memoria Democrática de Sánchez, que radicalizó la Memoria Histórica, para mí histérica, de Zapatero, resucita el franquismo por la vía de condenarlo, contando con asociaciones alimentadas con dinero público. Tratan de borrar un periodo histórico, misión imposible porque los historiadores existen, mientras, dos golpistas, Largo Caballero y Prieto, mantienen monumentos en Madrid; Prieto reconoció tras la Guerra Civil su implicación en el golpe de octubre de 1934, que triunfó sólo en Asturias. Largo Caballero nunca se pronunció, pero se conocen la preparación, cómo llegó el cargamento de armas y quiénes estaban detrás. El golpe estalló porque la CEDA, coalición de derechas que había ganado las elecciones, entró con tres ministros en el Gobierno de su socio, el radical Lerroux. Lo que en democracia es normal para el socialismo justificó una revolución con casi dos mil muertos y graves daños al patrimonio monumental.
Tras aquella experiencia podemos recordar páginas históricas no menos dolorosas, con la implicación del PSOE que, pese a lo que se nos repite, no es ideológicamente el que fue; no me gusta ninguno. González desterró la ideología marxista y asumió la socialdemocracia, Congreso extraordinario de septiembre de 1979, y nació un PSOE cuya relación con el partido de Pablo Iglesias es mero maquillaje nostálgico. Sánchez protagoniza un maquillaje más peligroso y letal para España. No es socialdemocracia ni marxismo, es sencillamente sanchismo. O sea: personalismo y vaciedad cambiante.
En estos días se han cumplido dos aniversarios terribles, uno durante el Gobierno socialista de Felipe González y otro con el Gobierno popular de José María Aznar. El atentado de la plaza de la Republica Dominicana del 14 de julio de 1986, que costó la vida a doce guardias civiles, y el asesinato de Miguel Ángel Blanco el 13 de julio de 1997. No llegué a conocer a Miguel Ángel Blanco, pero me reuní con Gregorio Ordóñez semanas antes de su asesinato, en 1995, y traté hasta el último momento a Manuel Giménez Abad, compañero en el Senado, víctima de ETA en 2001. Me acojo a García Márquez: «Recordar es fácil para quien tiene memoria; olvidar es difícil para quien tiene corazón». En mí se unen memoria y corazón. Homenajeamos a Miguel Ángel Blanco en la Asamblea de Madrid y acudí a la manifestación tras su asesinato. Hace unos días coincidí con su hermana Mari Mar; tesón y entrega.
El atentado de la plaza de la República Dominicana, en cuya cercanía viví muchos años, fue ejecutado por el llamado «comando España» de ETA, valiéndose de una furgoneta bomba que hicieron estallar al paso de un autobús de la Benemérita ocupado por 70 agentes de entre 18 y 25 años. Además de los 12 guardias civiles asesinados, resultaron heridos otros 43 y 17 civiles. Entre los terroristas estaba Iñaki de Juana Chaos, que había sido miembro de la Ertzaintza y militante de Fuerza Nueva, hoy en busca y captura. Fue el atentado de ETA con más víctimas. En los meses previos, otro comando etarra fue autor de una veintena de asesinatos en nuestra ciudad. Luego se supo que ETA incrementó el terrorismo en Madrid, alejándolo del País Vasco. Los autores del atentado de la plaza de la República Dominicana fueron detenidos, juzgados y condenados a un total de 2.232 años de prisión.
El asesinato de Miguel Ángel Blanco tuvo como prólogo la liberación por la Guardia Civil, unos días antes, de José Antonio Ortega Lara. Había pasado 532 días en un zulo, en Mondragón. Fueron detenidos cuatro terroristas. Acaso el secuestro y asesinato del joven concejal del PP en Ermua se planeó como una venganza tras la liberación del funcionario de prisiones. Miguel Ángel Blanco, economista que había ejercido como albañil con su padre, se trasladaba cada día en tren a la empresa en que trabajaba en Eibar, y los terroristas le secuestraron el 10 de julio cerca de la estación. ETA exigió a cambio de su liberación el traslado al País Vasco de todos los etarras presos en un plazo de 48 horas. Al no aceptarlo el Gobierno, el joven fue asesinado de dos disparos en la cabeza en la tarde del 12 de julio en una pista forestal de Lasarte-Oria. Hospitalizado, murió al día siguiente. La reacción en toda España fue masiva y sin precedentes.
El Foro de Ermua pidió que no se negociara con ETA y la unión antiterrorista de PP y PSOE. Los asesinos, entre ellos Francisco Javier García Gaztelu Txapote –José Luis Geresta Ttotto apareció muerto dos años después del asesinato–, fueron juzgados en 2006 y condenados a 50 años de prisión.
Sánchez ha convertido en socios preferentes a herederos políticos de los terroristas que incluso incluyen a algunos en listas electorales, se apropian y condicionan leyes, así la cacareada de Memoria Democrática, y se preparan para gobernar el País Vasco ante la ceguera del PNV. Los condenados en prisión no es que estén cerca, están en el País Vasco, y van siendo excarcelados a velocidad de crucero en una amnistía camuflada, y sin arrepentimiento. Sánchez, frente al deseo del Foro de Ermua, muestra su desencaje patológico y es sumiso a los exetarras. Entre otros, produce sonrojo Patxi López, que ha llevado a hombros los ataúdes de víctimas socialistas de ETA. Vergonzoso. Pero la desvergüenza y la mentira son tan habituales en Ferraz como los manejos de Cerdán, Leire y tantos más. Y, detrás, el One.
- Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando