Convergencia UE-OTAN
Desde el comienzo de la existencia de la Alianza Atlántica en 1949, bajo la Presidencia de Truman, el punto principal de discordancia entre los aliados ha sido siempre el de la escasa implicación de los aliados no estadounidenses en lo que la Administración estadounidense ha denominado como el reparto de cargas
En estos días en los que analizamos los resultados de la reciente cumbre de la Alianza Atlántica en Ankara, parece como si fuera necesario contraponer las perspectivas o propósitos de la Unión Europea a los de la OTAN como si fuesen mutuamente excluyentes. Yo creo que, en lo que se refiere a nuestro país, ambas organizaciones se superponen y como digo en el encabezamiento de estas líneas, convergen. Veamos para ello, en relación con nuestra nación, cuál ha sido la trayectoria histórica de ambas organizaciones, así como de la Organización de las Naciones Unidas como garante de la seguridad internacional a nivel global.
Tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial, en la que se produjo la muerte por causas bélicas de un altísimo número de personas, que se evalúa en torno a los 70 millones, las naciones del mundo, espantadas de su capacidad destructora, decidieron poner en marcha la creación de instituciones que, tal como dice el preámbulo de la Carta fundacional de la Organización de las Naciones Unidas, «preservasen a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la Humanidad sufrimientos indecibles». Nacía así, en 1945, la Organización de las Naciones Unidas, bajo el liderazgo de las naciones vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, que ocuparon y ocupan los cinco puestos permanentes del Consejo de Seguridad, órgano responsable del mantenimiento de la seguridad internacional, cuyos cinco miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) mantienen el derecho de veto de las Resoluciones de este Consejo, lo cual ha contribuido a devaluar la credibilidad de este órgano, responsable de la paz mundial.
Poco después y ante el avance del expansionismo soviético en la Europa del Este, nació, bajo el liderazgo de 12 naciones occidentales democráticas la Alianza Atlántica con la firma, el 4 de abril de 1949, del Tratado del Atlántico Norte, en el que las naciones que lo firmaron se comprometían a un pacto de defensa colectiva para la preservación de los valores comunes a esos países, basados en el respeto a la democracia, los derechos humanos, las libertades individuales y el Estado de derecho.
Poco más tarde, en 1951, nacería la Comunidad Económica del Carbón y del Acero, que, en 1957, daría origen a la Comunidad Económica Europea, predecesora de la actual Unión Europea que vería la luz, como tal, en 1993, tras la firma del Tratado de Maastricht.
España se incorporó a la Organización de las Naciones Unidas en 1955, a la OTAN en 1982 y a la Unión Europea en 1986.
La incorporación a la OTAN no se produjo de manera inmediata ni plena en un principio, pues tras la firma del protocolo de adhesión en 1982, bajo la presidencia de Calvo Sotelo, sería sometido a referéndum en 1986, bajo la presidencia del presidente González, produciéndose, entonces, la incorporación formal, aunque sin integrarse en la estructura militar integrada, sino a través de los denominados Acuerdos de Coordinación que no permitían la actuación de militares españoles bajo el mando de autoridades militares extranjeras.
No sería hasta 1997, en el curso de la Cumbre de la Alianza Atlántica celebrada en Madrid, cuando se produciría la integración de España en la Estructura Militar integrada de la OTAN, ocupando, a partir de ese momento, puestos de responsabilidad en los Cuarteles Generales y poniendo Unidades españolas a disposición de diferentes organizaciones operativas multinacionales en el marco de la Alianza Atlántica.
En la actualidad, España forma parte del grupo de 23 países de entre los 27 de la Unión Europea (todos, excepto Austria, Irlanda, Chipre y Malta) que constituyen el núcleo esencial del llamado pilar europeo de la Alianza Atlántica. Se puede considerar la Unión Europea, por tanto, como una organización básicamente atlantista.
Además de esos 23 países, existen otros 7 en el continente europeo o islas aledañas que, no formando parte de la Unión Europea, sí lo hacen de la Alianza Atlántica. Estos países son Albania, Islandia, Macedonia del Norte, Montenegro, Noruega, Reino Unido y Turquía. Con 30 de los 32 países miembros de la OTAN ubicados en el continente europeo, se puede hablar de la Alianza como una organización defensiva, geográficamente eurocéntrica.
Por su parte, la capacidad de influencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz internacional quedó en entredicho con la invasión de Ucrania en 2014 y 2022 por uno de sus miembros permanentes, Rusia, y el veto ejercido por esta sobre cualquier acuerdo de aquel.
Desde el comienzo de la existencia de la Alianza Atlántica en 1949, bajo la presidencia de Truman, el punto principal de discordancia entre los aliados ha sido siempre el de la escasa implicación de los aliados no estadounidenses en lo que la Administración estadounidense ha denominado siempre como el reparto de cargas, mientras los aliados europeos han preferido emplear el término de autonomía estratégica para referirse a la misma realidad, aunque con un cierto matiz de incrementar la capacidad de la Unión Europea de adoptar decisiones autónomas en el ámbito de la Defensa con respecto a los aliados no pertenecientes a la Unión Europea.
A modo de término intermedio entre «reparto de cargas» y «autonomía estratégica» viene abriéndose paso el de «fortalecimiento del pilar europeo de la Alianza Atlántica», como manifestación del aumento de asunción de responsabilidades en esta materia por parte de los países que, como España, pertenecen al mismo tiempo a ambas organizaciones y que lo hacen de manera equivalentemente responsable, porque en el momento de atender a la seguridad de los ciudadanos de cada una de las naciones miembros de la Unión Europea o de la Alianza Atlántica no caben posturas ambiguas. El fortalecimiento del pilar europeo de la Alianza Atlántica redunda directamente en el fortalecimiento de la Alianza Atlántica y viceversa.
No cabe, por tanto, disociar el esfuerzo en el fortalecimiento de una organización con respecto a la otra, sino afrontarlo de manera convergente. Sólo cabe hacerlo desde una perspectiva de honesta y eficaz convergencia UE-OTAN.
- Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de División del ET en situación de retiro y senador por Melilla