Un compromiso transatlático renovado
Europa y Norteamérica comparten un interés estratégico esencial en conservar la estabilidad, la paz y la prosperidad en todo el espacio euroatlántico y estamos unidos en nuestro compromiso de proteger nuestra libertad y nuestra democracia
Existe una expresión en el sabio refranero español que define una situación en la que, mediante un sumatorio de acciones y omisiones basadas en conjeturas, temores, osadías, ligerezas o frivolidades, un determinado proyecto o realidad acaba desvanecido o desaparecido sin que, al final, se sepa muy bien por qué o por obra de qué actores concretos, pues siempre se acaba produciendo ese efecto de manera sorprendente, aunque derivado de actuaciones concretas con atribución o autoría no siempre estrictamente identificada o asumida. La frase en concreto del refranero, que todos ustedes conocerán, reza de la siguiente manera: «Entre todos la mataron y ella sola se murió».
Aseguraba recientemente el general de Ejército D. Félix Sanz Roldán, quien fuera jefe de Estado Mayor de la Defensa y secretario de Estado director del Centro Nacional de Inteligencia, en una de las muchas intervenciones públicas a las que es invitado, que no estamos en guerra, como machaconamente se repite en determinados foros desde que la Federación Rusa invadió Ucrania en 2022 y en algunos países de la Unión Europea se aseguraba que, a través de nuestro apoyo a Ucrania, en la defensa de su integridad territorial, todos estábamos en guerra, pues si fracasábamos en nuestro apoyo a Ucrania, la guerra se extendería a todos nosotros. Decía el general, acertadamente en mi opinión, que, realmente, no estamos en guerra ya que, si lo estuviéramos, realmente lo percibiríamos de una manera mucho más intensa de la que lo hacemos, como les sucede a los ucranianos. También afirmaba que no hay mejor manera de que un hecho adverso se produzca, que considerarlo ya como una realidad.
En mi opinión, eso es lo que viene sucediendo desde hace algún tiempo con la cohesión y unidad de esfuerzo esenciales para la supervivencia de la alianza defensiva más sólida y longeva en la historia de la humanidad, como es la Alianza Atlántica.
Desde hace bastantes años, se vienen formulando hipótesis y dudas sobre el compromiso real de los Estados Unidos de Norteamérica en la defensa del continente europeo, dado el aparente creciente interés de desvincularse de la defensa convencional del continente, en beneficio de su creciente percepción de amenaza para sus intereses nacionales en otras partes del mundo, como pueden ser las áreas del Indo -Pacífico o el Ártico.
Por su parte, los Estados Unidos, desde hace muchos años, pero con especial incidencia desde la llegada del presidente Trump a la máxima responsabilidad en la Administración de aquel país, han venido cuestionando el esfuerzo de sus aliados en la Alianza Atlántica en la garantía de su propia defensa en aplicación del Artículo 3 del Tratado, que reza que «a fin de lograr más eficazmente la realización de los fines del Tratado, las Partes, actuando individual y conjuntamente de manera continua y efectiva mediante la aportación de sus propios medios y prestándose asistencia mutua, mantendrán y acrecentarán su capacidad individual y colectiva de resistir a un ataque armado». A juicio de los aliados estadounidenses, sus aliados no cumplen con este artículo plenamente y pretenden hacer descansar su seguridad en exceso sobre los Estados Unidos.
En este punto de la controversia entre ambas partes, se vienen produciendo multitud de iniciativas en forma de foros sobre seguridad y defensa que, so pretexto de analizar cómo habría que afrontar un presunto debilitamiento del compromiso transatlántico, contribuyen de manera eficaz a incrementar el riesgo de que este debilitamiento acabe por producirse, dando cumplimiento al refrán con el que daba comienzo a estas líneas y consigamos que «entre todos la matemos y ella sola se muera».
Creo que la deriva iniciada, no redunda en el interés ni en el beneficio de nuestra seguridad colectiva, que es la razón por la que nuestra Alianza existe y ello debería conducirnos a afrontar una reflexión rigurosa sobre ello más pronto que tarde.
A tal fin, el Grupo de Dirección de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, de la que forman parte 281 parlamentarios de los 32 países miembros de la Alianza, emitió el pasado 11 de abril un comunicado que llevaba por título, precisamente, Un compromiso transatlántico renovado, una OTAN a prueba de futuro y que pueden encontrar en la página web de la Asamblea (www.nato-pa.int).
En el comunicado, el Grupo de Dirección, manifiesta que nos encontramos en un momento clave para nuestra Alianza y que como responsables políticos asumen la tarea de asegurar que la OTAN se mantiene fuerte, capaz y preparada para proteger a sus ciudadanos en un mundo crecientemente peligroso.
Se manifiestan unidos en la fuerte creencia de que la OTAN es el único marco efectivo y creíble para la defensa colectiva de la zona euroatlántica y que para asegurar que la Alianza se mantiene fuerte en el futuro, entre todos, necesitamos componer una alianza más equilibrada y para ello los aliados europeos y canadienses necesitan invertir más, producir más y materializar sobre el terreno las capacidades necesarias para asumir el liderazgo en la defensa y disuasión convencionales en Europa.
Europa y Norteamérica comparten un interés estratégico esencial en conservar la estabilidad, la paz y la prosperidad en todo el espacio euroatlántico y estamos unidos en nuestro compromiso de proteger nuestra libertad y nuestra democracia. Estos objetivos se salvaguardan mejor colectivamente a través de la OTAN, que permanece como un multiplicador de fuerza esencial para todos nuestros países.
El comunicado finaliza manifestando que la Asamblea Parlamentaria de la OTAN continuará, a través de la diplomacia parlamentaria, construyendo la convergencia estratégica entre los aliados y reforzando el vínculo transatlántico que ha mantenido fuerte a nuestra alianza y protegidos a nuestros ciudadanos por más de siete décadas.
En mi opinión, en estos momentos de tensión global en diferentes partes del mundo y conscientes de la seriedad y gravedad del momento que vivimos, con los múltiples retos que se presentan para la paz y la seguridad de nuestros ciudadanos, no es momento de alimentar discursos que tiendan a debilitar nuestros compromisos colectivos sino de aprovecharlo para construir, precisamente, un compromiso transatlántico renovado.
- Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de División del Ejército de Tierra en situación de retiro