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En primera líneaFernando Gutiérrez Díaz de Otazu

Más madera

Más valdría que en vez de simular promover la paz allá donde tienen limitadas capacidades de conseguirlo, se propusieran promover la paz aquí donde se erigen como promotores de la máxima confrontación

Se suele utilizar la expresión «más madera» para manifestar la reiteración de actuaciones orientadas a la amplificación de los efectos de controversias o polémicas previamente iniciadas. También se emplea para demandar más aportación de recursos energéticos encaminados a proporcionar ímpetu a la maquinaria o dispositivo al que se quiere dotar de mayor velocidad.

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El Debate (asistido por IA)

Es este el ánimo que parece esconderse tras la forzada recuperación del viejo eslogan del «no a la guerra» por parte del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Como es sabido, tal eslogan fue el utilizado por el candidato del Partido Socialista Obrero Español a la Presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero, a fin de provocar el desgaste del Gobierno en ejercicio de aquella época, al que acusaba de respaldar la Guerra de Irak, guerra liderada por los Estados Unidos contra el Irak de Sadam Hussein.

Una diferencia relevante entre ambas circunstancias, aunque no la única, es que, en aquella ocasión, hace veintidós años, el Partido Socialista se encontraba en la oposición y podía reprochar al Gobierno de todos los españoles su mayor o menor respaldo a la iniciativa bélica de los Estados Unidos y ahora se encuentra en el Gobierno y sus adversarios políticos no se han manifestado, ni siquiera remotamente, a favor de un conflicto cuyas consecuencias ya se han comenzado a sentir. Precisamente, esos mismos adversarios políticos se han adelantado al Gobierno a la hora de proponer medidas conducentes a minimizar los efectos del conflicto en la vida de los españoles mientras que el Gobierno prefería mantenerse, simplemente, tras la pancarta del no a la guerra, sin capacidad alguna de detenerla con esas manifestaciones.

Parece evidente que este esfuerzo por recuperar aquel eslogan de hace casi un cuarto de siglo no persigue más intereses que los evidentemente electoralistas a fin de movilizar al electorado de izquierdas que ha parecido estar no especialmente motivado en el respaldo al Partido Socialista Obrero Español en las últimas convocatorias electorales.

De hecho, durante su comparecencia del 25 de marzo ante el Congreso de los Diputados al objeto, teóricamente, de explicar la posición del Gobierno en relación con este conflicto y sus consecuencias, con la finalidad, también teóricamente, de obtener el respaldo y la colaboración de los grupos políticos con representación parlamentaria, el Presidente del Gobierno se dedicó, en lugar de ello, a hacer oposición a la oposición reprochando a los grupos parlamentarios que la representan el no sumarse a la estrategia del Gobierno de resucitar la controversia del Partido Socialista Obrero Español contra el Gobierno del Presidente Aznar por unos hechos acaecidos en 2003, que el Presidente Sánchez trata de transponer al presente como si nada hubiera ocurrido desde entonces.

No hace falta retroceder mucho en el tiempo para preguntarse qué ha cambiado entre el 13 de junio del pasado año, en que Estados Unidos e Israel llevaron a cabo una acción semejante a la actual, sin comentario alguno por parte del Gobierno, y el momento presente ¿Por qué afrontarlos de manera diferente? ¿Sólo para movilizar al electorado de izquierdas ante su patente desmovilización?

Cuando se produjeron los ataques terroristas de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, la izquierda se apresuró a tratar de justificar aquella actuación asegurando que no podía desvincularse del largo conflicto entre Israel y Palestina y que, en realidad, la actuación de Hamás, si bien desproporcionada y criminal, había que enmarcarla dentro de ese largo conflicto. Sin embargo, esa misma izquierda ha calificado el desencadenamiento de las hostilidades por parte de Israel y Estados Unidos contra Irán el pasado 28 de febrero como de unilateral, injustificado e imprevisible, desvinculándolo del también largo conflicto existente entre Irán, Israel y Estados Unidos que se remonta a 1979, con la revolución islámica del Ayatolá Jomeini. Interesada discrepancia de relato y de interpretación de la historia.

En cualquier caso, al presidente del Gobierno le ha parecido una oportunidad a no desaprovechar, independientemente de las consecuencias que su beligerancia contra nuestros aliados permanentes pueda tener sobre nuestra reputación internacional y la cohesión de las alianzas defensivas de las que depende existencialmente nuestra seguridad y estabilidad nacionales. Eso sí, él ha recibido a cambio el reconocimiento y la gratitud del execrable régimen iraní y de todos los movimientos terroristas de oriente medio financiados por él.

Tras calificar, como digo, la actuación de Israel y Estados Unidos como unilateral, injustificada e imprevisible, desvinculándola de todos sus precedentes temporales próximos y remotos, ha informado a Estados Unidos de la no autorización del Gobierno español para utilizar las bases españolas de uso conjunto, regidas por el Convenio de Cooperación para la Defensa entre el Reino de España y los Estados Unidos de América, con fines relacionados con la guerra de Irán. Esta semana se ha anunciado, adicionalmente, la negativa del Gobierno español a autorizar el uso del espacio aéreo español para el tránsito de aeronaves con destino al conflicto de Irán.

Durante su comparecencia de esta semana ante la Comisión Mixta de Seguridad Nacional, la ministra de Defensa ha asegurado alegrarse de que los portavoces de la oposición afirmasen que nadie quiere la guerra, como si en algún momento se hubieran manifestado a favor de ella y les ha pedido que, si no quieren sumarse al «no a la guerra», por lo menos den un «sí a la paz». Tal parece como si fuera obligatorio seguir ciegamente las campañas de activismo político promovidas con fines electoralistas para movilizar a los votantes del Partido Socialista aquejados de una aparente falta de impulso a la hora de manifestar su respaldo al estado de las cosas tal como ellos las perciben.

Más valdría que en vez de simular promover la paz allá donde tienen limitadas capacidades de conseguirlo, se propusieran promover la paz aquí donde se erigen como promotores de la máxima confrontación. Conociendo el carácter provocador y constructor de muros contra los demás del Presidente del Gobierno, poco cabe esperar de su descanso en Doñana durante esta Semana Santa, sino más bronca. Más madera.

  • Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de División del Ejército de Tierra en situación de retiro
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