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En primera líneaFernando Gutiérrez Díaz de Otazu

Cohesión y desinformación

En mi opinión, la seguridad de la zona euroatlántica a ambos lados del océano es indisociable y la cohesión entre todos los miembros de la Alianza es la columna vertebral del sostenimiento de nuestra seguridad colectiva

Existe un enunciado de la Ley de Murphy que dice que «toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar», tratando de poner de manifiesto que la realidad puede deteriorarse incluso más allá de nuestra eventual influencia negativa en ella. Puede interpretarse, también, que la realidad ya es lo suficientemente compleja y propensa al empeoramiento como para que nosotros concedamos, por nuestra torpeza o por nuestra perversidad, más oportunidades al caos.

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El Debate (asistido por IA)

Dentro de la Alianza Atlántica, la relación entre Estados Unidos y el resto de sus aliados se ha caracterizado históricamente y de manera creciente por una preponderancia indiscutible de la superioridad militar estadounidense en todos los dominios y el consiguiente sentimiento de delegación y de dependencia del resto de aliados con respecto a aquellos.

De los 12 miembros fundacionales de la Alianza en 1949, cuando esta nació para proteger el espacio euroatlántico del expansionismo de la Unión Soviética sobre la Europa de posguerra, a los 32 actuales, que han venido incorporándose a la Alianza al mismo tiempo que la Unión Soviética perdía pujanza, esta sensación de preponderancia y consecuente dependencia no ha hecho sino incrementarse al tiempo que lo hacía, de igual manera, la responsabilidad atribuida a los Estados Unidos en la defensa colectiva, alcanzando, incluso, en algunas ocasiones, la de la propia integridad territorial de algunos aliados que no disponían de los recursos suficientes para ser autónomos en ese ámbito.

El crecimiento y expansión de la Alianza Atlántica desde los 12 miembros iniciales a los 32 actuales ha concurrido con el de la Unión Europea, desde sus seis miembros iniciales, fundadores de la Comunidad Económica Europea, a los 27 actuales.

Actualmente, 23 países de entre los 27 de la Unión Europea (todos, excepto Austria, Irlanda, Chipre y Malta), constituyen el núcleo esencial del llamado pilar europeo de la Alianza Atlántica. Existen otros 7 países en el continente europeo o islas aledañas que, no formando parte de la Unión Europea, sí lo hacen de la Alianza Atlántica. Estos países son Albania, Islandia, Macedonia del Norte, Montenegro, Noruega, Reino Unido y Turquía. Los dos restantes miembros de la Alianza, Estados Unidos y Canadá, se encuentran en el continente americano.

El pulso entre la Administración estadounidense y el resto de sus aliados, fundamentalmente los de la Unión Europea, en relación con el reparto de cargas para garantizar la seguridad y la defensa colectivas no es una novedad de la Administración Trump, sino que es prácticamente una constante desde el nacimiento de la propia Alianza Atlántica. Este pulso ha venido progresivamente incrementándose al tiempo que la Alianza ampliaba su número de miembros, incorporando países procedentes del desaparecido Pacto de Varsovia. Con la Administración Trump, ese pulso ha alcanzado cotas máximas y ello ha venido a concurrir en el tiempo con el desencadenamiento del conflicto en Ucrania como consecuencia de la invasión rusa en febrero de 2022.

El presidente Biden mantuvo la línea continuista de respaldo a la OTAN y demanda a los aliados para la asunción de una mayor responsabilidad en relación con la defensa colectiva, pero el conflicto de Ucrania aparcó tenuemente esa demanda mientras se propiciaba el apoyo a Ucrania en cooperación con los aliados. La llegada del presidente Trump cambió esa dinámica, comenzando a aliviar su presión sobre Putin, anteriormente compartida con sus aliados europeos, sobre los que comenzó a incrementar su presión hasta promover el acuerdo unánime alcanzado en la Cumbre de la OTAN de La Haya de 2025 de incrementar sensiblemente las inversiones en Defensa de todos los aliados hasta alcanzar, por parte de todos, el 3,5 % del PIB de cada uno en inversiones en capacidades puramente defensivas antes del 2035, con un hito intermedio de revisión en 2029.

A este cambio de actitud entre administraciones se ha venido a acumular la sucesión de decisiones del presidente Trump de acometer determinadas actuaciones de carácter bélico fuera de la zona de actuación afectada por el Tratado del Atlántico Norte, pero con un impacto global. La más relevante de ellas es la acometida contra Irán el pasado año, durante la llamada Guerra de los 12 días entre el 13 y el 24 de junio y la actual operación que, bajo el nombre de Furia Épica, desencadenó en alianza con el presidente Netanyahu, el pasado 28 de febrero y que aún se mantiene activa.

Estas actuaciones han producido reacciones diversas entre los aliados. Unas más opuestas a las acciones estadounidenses, calificándolas como ilegales desde el punto de vista de la legalidad internacional y otras más orientadas a la adopción de decisiones conducentes a paliar el impacto negativo de esas actuaciones sobre la estabilidad global.

Tanto los líderes internacionales, especialmente los de países miembros de la Alianza Atlántica como de la Unión Europea, como los medios de comunicación de esos mismos países, han emprendido un proceso de revisión de los actuales equilibrios en relación con la Defensa y la Seguridad. Lógicamente, en la época digital en la que vivimos, a esos procesos de revisión, se han unido, de manera profusa y extensa, todas las fuentes de información (o de desinformación), de mayor o menor fundamento y credibilidad existentes en las redes sociales.

Desde que el presidente Macron considerara a la OTAN en muerte cerebral hasta su propuesta de ampliar la autonomía estratégica para considerar la posibilidad incluso de alcanzar, progresivamente, una mayor autonomía también en el campo nuclear, parece haberse desencadenado una carrera frenética para ver quién promueve la vía más rápida para la desarticulación de las alianzas defensivas occidentales existentes.

En mi opinión, la seguridad de la zona euroatlántica a ambos lados del océano es indisociable y la cohesión entre todos los miembros de la Alianza es la columna vertebral del sostenimiento de nuestra seguridad colectiva.

Ante el creciente número de fuentes de información (o de desinformación) de dudosa credibilidad, que apuestan por una desmembración de la Alianza como consecuencia de presuntas rupturas ya existentes en su necesaria cohesión, deberíamos esforzarnos por optar, con el máximo rigor y la mínima frivolidad, entre cohesión y desinformación.

  • Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es general de División del ET en situación de retiro y senador por Melilla
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