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En primera líneaEmilio Contreras

No es la guerra, es la desigualdad

Las buenas cifras macroeconómicas ocultan una realidad que sonrojaría a cualquier gobernante responsable: media España va como un cohete, pero la otra media se ha quedado en tierra. Pedro Sánchez pretende ocultarlo con la cortina de humo del «no a la guerra»

«No a la guerra» es la cortina de humo tras la que se esconde el mayor fracaso de la política social del gobierno supuestamente más a la izquierda que ha tenido España desde 1977. Porque las cifras macroeconómicas que confirman la buena marcha de la economía española ocultan el aumento año tras año de la desigualdad entre los españoles.

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El Debate (asistido por IA)

Los datos de crecimiento son evidentes y su veracidad está avalada por organismos internacionales alejados de cualquier sospecha de presión del gobierno. Según el informe del Fondo Monetario Internacional del día 14, la economía española es la que más crece de Europa con el 2,1 %. En marzo se crearon 210.510 empleos y el paro se redujo en 22.934 personas. El 36 % del empleo creado en la UE el año pasado se generó en España: casi 570.000 puestos de trabajo, el equivalente al empleo creado en Alemania, Francia e Italia juntas. Esta es una realidad innegable que hay que reconocer por encima de cualquier discrepancia política, por profunda que pueda ser.

Pero el problema de fondo es si esa riqueza llega a todos los españoles. Y aquí es donde las cosas cambian radicalmente. Porque los datos nos muestran la otra cara de la realidad social de España; la cara de la desigualdad. Hay varios ejemplos.

El salario medio por hora trabajada en 2025 en España fue un 32 % inferior al de la media europea. La cifra oficial de paro es del 9,9 %, frente a la media europea del 5,9%. Hay 2.419.000 españoles sin empleo, a los que hay que sumar algo más de un millón entre los fijos discontinuos en paro y los que sufren un ERTE. Es el paro oculto. No en vano, el Estado tuvo que gastar el año pasado casi 25.000 millones de euros en subsidios de desempleo. Pero hay un dato aún más preocupante, y es que transcurridos cuatro años de la reforma laboral de Yolanda Díaz, solo han crecido los contratos temporales y a tiempo parcial.

Las consecuencias sociales de estas cifras son demoledoras. Según una encuesta del Instituto Nacional de Estadística publicada el 9 de enero, el 25 % de la población vive en riesgo de pobreza; y 9,5 millones en riesgo de exclusión social, especialmente por la vivienda. Según el informe Foessa de 9 de enero de 2025, el 7 % vive en espacios con menos de 15 metros cuadrados por persona. Y el grupo social cuyas condiciones de vida más ha empeorado en estos años ha sido el de los jóvenes.

Si descendemos unos escalones de edad, nos encontraremos con datos demoledores. En torno a 2,3 millones de niños y adolescentes están en riesgo de pobreza; el 28,9 % son menores de 18 años y 867.000 sufre carencia material severa, según informaba La Vanguardia el 10 de enero de 2025. Y El País publicó el 4 de junio de 2025 que España tiene la tasa de pobreza infantil más alta de la UE.

Hay un dato del que nadie habla aunque es escalofriante, y que dio la secretaria general del Tesoro, Paula Conte, el 17 de diciembre de 2025. El Estado español pedirá prestados a lo largo de este año 285.677 millones para hacer frente al déficit, pagar intereses de la deuda pública y renovar la que vence este año; una media de 780 millones al día.

Terminaré esta avalancha de datos que reflejan la realidad social que se esconde tras los buenos datos macroeconómicos, con el Informe que Eurostat publicó el 29 octubre de 2025: 6,7 millones de españoles viven en la pobreza, que ha aumentado el 2 % desde 2024.

Somos el país cuya economía más crece de la UE, pero a millones de españoles no les llegan los beneficios de ese crecimiento. Hay media España que va como un cohete, y otra media que se ha quedado en tierra. La prosperidad no cala hasta los últimos escalones de la sociedad; algo que es criticable en cualquier gobierno, pero lo es más en un gobierno que pregona a los cuatro vientos su condición de ‘progresista’ y de defensor de los más débiles. Y ante este panorama, a UGT y CCOO solo se les ocurre llamar a convertir el 1 de mayo en un grito contra el vasallaje a Trump.

Se ciegan y no quieren ver esta regresión a la España de duros contrastes sociales que describía Baroja hace más de un siglo, en la que brillaba una «luz fuerte en zonas de sombra oscura». Esta es la realidad social que subyace bajo el triunfalismo de los datos económicos y de la demagogia del ‘no a la guerra’.

Pero también esa es la razón de fondo por la que el PSOE está a 55 escaños de la mayoría absoluta, y arrastra la peor cadena de malos resultados desde hace once años en cinco elecciones generales y en la mayoría de las autonómicas y municipales. No hay ni un solo sondeo –salvo el del CIS, claro– que le dé ganador en mayo en Andalucía ni en las generales de 2027.

Incapaz de hacer frente a los problemas reales que afectan a millones de españoles, Pedro Sánchez lleva dos meses tratando de movilizar con el «no a la guerra» a su electorado perdido. Pero no hay cortina de humo lo bastante espesa para ocultar la injusticia, que ahora llaman desigualdad.

  • Emilio Contreras es periodista
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