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En primera líneaEmilio Contreras

Sánchez, al final de la escapada

Tras once derrotas electorales en solo cuatro años, el presidente y sus socios saben que la suerte está echada y quieren exprimir cada día para mantenerse en el poder y conseguir cesiones que nunca pudieron imaginar

«Somos más» no fue un grito de victoria electoral de Pedro Sánchez la noche del 23 de julio de 2023. Fue la arenga con la que comenzó su huida hacia adelante para ocultar la derrota y asegurarse la supervivencia en la Moncloa. Poco o nada importaba el precio que hubiera que pagar y a quién habría que pagarlo. Lo que en realidad importaba era la suma y no la calidad de los sumandos.

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El Debate (asistido por IA)

El presidente del gobierno lleva años tratando de escapar de una realidad tan evidente como que gobierna tras haber perdido las elecciones. Y en esa huida entrega a los separatistas lo que le pidan para no quedarse sin respiración asistida.

No hay en la historia de la democracia restaurada en 1977 un monumento mayor al oportunismo, diciendo una cosa y haciendo la contraria, que el construido por Pedro Sánchez desde los primeros pasos de su vida política. Quien ahora se enfrenta a los empresarios para tratar de recuperar los votos de las clases más desfavorecidas, no dudó en votar como diputado el 12 de mayo de 2010 en el Congreso un recorte del gasto social de 15.000 millones en solo seis meses, propuesto por el gobierno de Rodríguez Zapatero; el mayor recorte social de la democracia en 33 años. Pero había que sobrevivir y estar a buenas con quien entonces mandaba en el partido. Hace 16 años ya apuntaba maneras.

Son de sobra conocidas las cesiones a los separatistas catalanes para continuar su escapada y mantenerse en el poder. Ahí están los indultos, la amnistía o la eliminación del delito de sedición. Pero hay otras cesiones del mismo o más calado, que pocos recuerdan y revelan hasta dónde puede llegar el presidente con tal de seguir en su huida hacia adelante. Las que ha hecho a los separatistas catalanes han tapado las cesiones en Navarra a quienes son tan separatistas como los catalanes, y además han matado. En diciembre de 2023, el Partido Socialista de Navarra apoyó con su voto la destitución de Cristina Ibarrola, alcaldesa de Pamplona, de UPN, y su sustitución por Joseba Asiron, de Bildu. Hace un año acordó con los herederos de los etarras la retirada total de la Guardia Civil de Tráfico de Navarra.

En octubre de 2021 transfirió al País Vasco las competencias sobre las cárceles. Desde entonces han salido de prisión con el tercer grado más de 100 etarras; en algunos casos la puesta en libertad ha sido tan irregular que los jueces la han anulado. Y la consejera responsable de tanta generosidad es la socialista María Jesús San José.

En su huida hacia adelante, el presidente se ha ido dejando jirones del ideario socialdemócrata. Según informes elaborados por Funcas y Foessa, en España hay 12,5 millones de trabajadores que tienen un salario mensual de 1.200 euros, 8,2 millones viven en casas con 15 metros cuadrados por persona, y hace unos meses el director de Cáritas declaró que la mitad de quienes le piden ayuda tienen un puesto de trabajo, evidentemente mal pagado. Es el mayor nivel de desigualdad en los 28 años de gobiernos socialistas.

Estos datos son su mayor lastre electoral. Y en un alarde de demagogia, oímos la semana pasada su crítica a los «oligarcas» porque pagan salarios bajos, y anunció la elaboración de un estudio por el Gobierno, el CSIC y el INE para analizar las causas de la desigualdad. Escribo «demagogia» porque desde hace más de un siglo la socialdemocracia europea tiene un programa –que se puede suscribir o no– para hacer frente a la desigualdad, que el PSOE de Sánchez ha ido dejando por el camino en su huida hacia adelante.

El precio electoral que está pagando por esta huida es demoledor. Perdió las elecciones autonómicas en Andalucía en 2022, las municipales, autonómicas y generales de 2023, las europeas y gallegas de 2024; es la tercera fuerza en el País Vasco; en Cataluña vive el espejismo de que tiene el gobierno de la Generalitat, pero el PSC está a 26 escaños de la mayoría absoluta. Y en enero comenzó su semestre de pasión con cuatro derrotas encadenadas: las de Extremadura y Aragón, y las que están por llegar, según todos los sondeos, en Castilla y León y Andalucía. Serían once fracasos electorales en cuatro años. Poco parecen preocuparle porque hace unos días dijo estar seguro de que en las generales de 2027 se movilizará el votante socialista que, según él, en las autonómicas se abstiene. Y menos aún le importa la derrota de sus compañeros socialistas, como las ministras Alegría y Montero, a las que ha enviado al matadero de la derrota.

Nunca desde su fundación hace 147 años el Partido Socialista ha vivido un cúmulo de fracasos electorales tan contundentes en tan poco tiempo y en territorios en los que durante decenios ganó de corrido. Estos resultados le están persiguiendo desde que arrancó su huida hacia adelante. Y la experiencia histórica enseña que esa carrera desesperada por mantenerse en el poder al precio que sea, siempre acaba teniendo su mármol y su día cuando quien la emprendió llega electoralmente exánime al final de la escapada.

Esta es la crónica de una derrota anunciada.

  • Emilio Contreras es periodista
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