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En primera líneaEmilio Contreras

¿Y si Trump y Putin nos están engañando?

Si se confirma que Rusia está proporcionando información de Inteligencia a Irán, y Trump lo consiente, el contubernio entre él y Putin sería aún más preocupante de lo que creíamos

El estruendo de la guerra en Irán y el torrente de declaraciones de Trump contrastan con el manto de silencio que cubre la guerra en Ucrania y las escasas declaraciones de Putin; silencio que es sorprendente porque Rusia ha sido un aliado estratégico clave para el país de los ayatolás, y un colaborador esencial en el enriquecimiento de uranio para fabricar la bomba que habría permitido a Irán ser una potencia nuclear. ¿Por qué?

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El Debate (asistido por IA)

La respuesta es Ucrania, donde el ejército de Putin está empantanado desde hace cuatro años en una guerra que había previsto ganar en un mes. La invasión ha costado la vida a un millón de soldados rusos, consume el 40% de la riqueza nacional y ha dejado exhausta la economía de Rusia. Putin necesita la victoria o algo que se le parezca para tratar de salvar la cara y la poltrona, porque la humillación es un flaco soporte para mantenerse en el poder. Solo hay que recordar a Nikita Kruschev cuando cedió ante Kennedy, y la Unión Soviética dio marcha atrás en la crisis de los misiles en octubre de 1962: sus compañeros del Politburó le destituyeron dos años después.

Putin sabe que corre ese riesgo. Pero Trump le está salvando del naufragio porque el objetivo final del presidente americano en la guerra de Ucrania es cortar toda la ayuda militar y desentenderse de su defensa y de la defensa de Europa. Él no engaña. Ya en 2017 dijo que la OTAN es «una organización obsoleta» y el pasado 27 de febrero afirmó: «La UE se creó para ‘fastidiar’ (utilizó otra palabra) a Estados Unidos». Desde su llegada a la Presidencia está reduciendo la ayuda a Ucrania para hacer frente a los misiles y drones con los que Putin está destruyendo el suministro de electricidad, agua y alimentos en un país azotado por un durísimo invierno. Incapaz de avanzar en la invasión, quiere desmoralizar a la población civil para que, postrada por el hambre y el frío, acepte la rendición.

Aparentemente, el precio que Putin paga a Trump por este apoyo es mirar para otro lado cuando Irán está siendo atacado, como hizo cuando los americanos se llevaron a Maduro. La consecuencia de este trueque sería que Trump permitiera a Putin hacerse un hueco entre las dos grandes potencias; el mejor regalo que se le podría hacer al dictador ruso. Porque es evidente que hoy solo hay dos potencias hegemónicas en el mundo, Estados Unidos y China. Rusia no es una potencia económica –tiene un PIB sólo el 22 % superior al de España y el triple de habitantes– ni militar como estamos viendo en Ucrania. Es una potencia nuclear, algo que en los enfrentamientos que estamos viviendo de poco o nada le sirve.

Trump estaría permitiendo salvar la cara a Putin en Ucrania, y le pondría en bandeja una Europa cada vez más indefensa al perder el apoyo militar americano. Sería la recompensa por el silencio, y Europa el pagano de este intercambio de intereses entre Trump y Putin, que tendría las manos libres para atacar a países europeos limítrofes con Rusia como Estonia, Letonia y Lituania. Y podría también ejercer una presión, casi un protectorado, sobre la Unión Europea, la segunda economía global tras Estados Unidos, con un PIB que supera los 19 billones de euros.

De esta forma Trump permitiría a Putin convertir una derrota en Ucrania en una victoria en todo el continente; algo que no pudo soñar ni en sus mayores delirios de grandeza. Porque, aunque Europa es un gigante económico, si los americanos le retiran la ayuda militar, tendrá los pies de barro.

Pero toda esta historia se puede venir abajo si se confirma, como parece, la información publicada por el Washington Post el día 6, según la cual Rusia estaría suministrando a Irán información de Inteligencia que le habría permitido lanzar ataques sobre objetivos americanos en la zona del golfo Pérsico, incluidos buques de guerra y aviones. Solo de esta manera se explicaría la eficacia de los ataques iraníes, que son de una precisión para la que Irán carece de medios.

Los funcionarios americanos no negaron que Rusia estuviera compartiendo información con Irán. Lo aceptaron tácitamente porque es duro reconocer que tu amigo te ha estado engañando. Hay varios ejemplos: la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo el día 6: «Claramente, no están teniendo ningún impacto en las operaciones militares en Irán»; ese mismo día el secretario de Defensa, Pete Hegseth, afirmó en una entrevista en la CBS: «Estados Unidos lo está rastreando todo y lo está teniendo en cuenta»; Trump escurrió el bulto cuando el periodista Peter Doocy le preguntó si era cierto el apoyo de Putin a Irán: «Qué pregunta tan tonta en este momento». Y por si quedara alguna duda, el embajador ruso en el Reino Unido, Andrey Kelin, fue rotundo el día 8: «Moscú está dando apoyo a Irán… Rusia no es neutral».

Si después de estas evidencias, Trump no se enfrenta a Putin es porque el contubernio entre ambos es aún más preocupante de lo que creíamos. La decisión que Washington tomó el jueves de retirar el boicot a la compra de petróleo ruso es otro indicio que lo confirma. La reacción de la UE fue inmediata: «Es muy preocupante; incrementa los recursos de Rusia para continuar la guerra en Ucrania».

Y mientras, Europa no da ni un solo paso para crear una defensa común.

  • Emilio Contreras es periodista
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