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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Montse legisla contra su economía familiar

Ahora solo hemos de esperar a que Montse se suba a la tribuna en un mitin y grite contra la carroña cuando –en puridad– tiene al buitre como animal de compañía en casa

José Ábalos, aficionado a meretrices pagadas con dinero público, era feminista porque era socialista. Rodríguez Zapatero –el del palacio de diamantes y un rebaño de elefantes–, cocido en esmeraldas, era socialista porque daba mucho y pedía poco. Y de los mismos autores de esta película de mentiras, llega ahora Montse Mínguez, la portavoz de Sánchez en Ferraz, a la que le duele la boca de llamar carroñeros y buitres a los tenedores de pisos, y especialmente a los fondos que se encargan de comprar, alquilar y vender inmuebles, mientras su novio tiene treinta pisos –eso son 5 tenedores en la guía socialín–, desahucia como un campeón, y ha convertido el legítimo sector inmobiliario en un próspero negocio que, en su caso, llegó a una facturación de 13,3 millones de euros y vamos a ver si algunos de ellos refugiados en paraísos fiscales y otros fruto de antiguos favores municipales al entramado inmobiliario, firmados por su propia cónyuge cuando era edil. Es decir, si uno ejerce sus derechos de propiedad es un rentista y egoísta capitalista, pero si lo hace el familiar de un dirigente del PSOE este es un alma cándida que, según la socialista, tiene el detalle para con sus semejantes de pagar los impuestos pertinentes. Eso dice ella, pero El Debate acaba de desvelar que el buen hombre lleva cinco años sin pasar por la ventanilla de Arcadi España.

Esta señora ha gritado en la tribuna del Congreso ¡caretas fuera! y ha reclamado que elijamos entre carroñeros y familias, especuladores o mayoría social, y ahora nos toca a nosotros refrescarle la cuestión. Si cualquiera que viva de ese trabajo, criminalizado por la izquierda desde el «caso Maricarmen» como si los profesionales que lo ejercen fueran primos hermanos de Idi Amín, que se comen crudos a los ancianos en apuros, es un fondo buitre, ¿es ella una carroñera que hace negocios con el sufrimiento ajeno? ¿Cómo se pueden defender unos decretos que, si se aplicaran, acabarían con su economía familiar? ¿Va a quitarse doña Montserrat la careta? ¿Con qué cara la número cinco del PSOE, esa sacerdotisa de la moral que nos regaña desde el escaño al ladito de Patxi López y detrás del jefe, va a seguir repartiendo moralina mientras comparte gastos domésticos con un ultraderechista –así lo tilda su pareja cuando se viste de progre de salón– que se enriquece de ver sufrir a los vulnerables?

Como ha publicado Javier Chicote en Artículo 14, el buen señor tiene cuatro empresas de alquileres y otras cuatro constructoras. No está mal. La mayoría de la gente seguro que nada tiene en contra de una actividad legal, contra la que claman aquellos tragabolas de la izquierda que se han creído esta súbita preocupación que tiene enajenado a Sánchez y su gobierno, después de ocho años sin que hayan movido ni un dedo por acometer ninguna solución.

Preguntada la tal Mínguez en Antena 3 por esta contradicción tan escandalosa entre su discurso y sus ingresos domésticos se puso muy nerviosa y tiró del catecismo sanchista: era todo un ataque personal y ella no había conectado con el programa para hablar de ello. Es decir, que le pregunten a una señora de acrisoladas virtudes progres por el modo de ganar dinero de su pareja es un ataque personal. Interesante. Cambiemos el nombre de Mínguez y pongamos Ayuso, sustituyamos la profesión del marido de la portavoz socialista por la de la pareja de la presidenta de la Comunidad y tendremos otro monumento al postureo y al simulacro.

Bolaños dice que peor sería que se usaran fondos públicos para defender esas prácticas carroñeras. Le quedó decir aquello tan socorrido en Moncloa: no pensarán ustedes que tengamos que ajustar nuestros discursos a lo que hacemos. ¿Qué sería de ellos si así fuera?: no existirían ni Ábalos, ni Begoña, ni Zapatero. Y, Pedro, sin ellos nada sería. Ahora solo hemos de esperar a que Montse se suba a la tribuna en un mitin y grite contra la carroña cuando –en puridad– tiene al buitre como animal de compañía en casa.

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