Iván Redondo vendiendo crecepelo
Lo que hace Tezanos, y lo que está haciendo el exasesor de Sánchez con su ronda de entrevistas, es una estrategia premeditada para intentar que el zombi camine
Escuchar al consultor político Iván Redondo, donostiarra de 45 años y director de gabinete de Sánchez entre 2018 y 2021, me sitúa al borde de la cefalea. Abrumadora cháchara de listillo, pronunciada de manera muy atropellada, con las palabras pisándose los talones. Todo aliñado con la jerga huera y tópica de su gremio. Siempre me ha parecido un vendedor de crecepelo y el último potingue que vende se llama «Pedro Sánchez va a Ganar las Elecciones».
Redondo comenzó trabajando para el PP, como asesor de Albiol y Monago. Sánchez, merced al soporte pecuniario del vapor familiar, contrató sus servicios para las primarias de 2017, las de la legendaria Banda del Peugeot (la mitad del pasaje de aquel coche está hoy en la trena o va de camino). En julio de 2021, Sánchez soltó lastre y echó a Iván. Unos lo atribuyen al cabreo cósmico de Mi Persona tras la victoria de Ayuso en las autonómicas de aquel año. Otros explican que Redondo desagradaba al PSOE, lo cual es un pobre argumento, porque el partido ya no existe, es solo el capricho de Sánchez.
Casualmente –o más bien no–, Redondo ha iniciado una gran ronda de entrevistas y declaraciones en un momento en que todas las firmas demoscópicas, excepto el CIS, ven a Sánchez de mudanza. Iván vuelve a escena para pregonar donde puede y le dejan que su exjefe va a ganar. Sus explicaciones, expuestas con su verborrea tipo ametralladora, pueden parecer técnicas, fundamentadas. Pero si se escucha con atención, se trata de farfolla evasiva, pues nunca acaba de explicar con claridad y números en qué se basa.
La ronda de Redondo, que pregona que Sánchez va a continuar, coincide con Tezanos asegurando que el PSOE más quemado en décadas va a arrasar.
Todo es premeditado. Se busca el fenómeno de la profecía autocumplida: venderse en clave de éxito ayuda a hacerlo real. Al asegurar que Sánchez va a ganar de tacón y continuar, Tezanos y Redondo, que no son unos desinteresados académicos independientes, prestan un servicio a la causa. Es urgente movilizar a la parroquia de la izquierda. A ello contribuyen los vaticinios sobre una victoria del PSOE y también las crecientes protestas guerracivilistas en las calles, con la enésima resurrección del viejo dóberman de «la ultraderecha». «Conviene que haya tensión», como explicaba en su día el hoy presunto caco de las joyas.
Tezanos comete desde 2018 una prevaricación de manual –pues manipula sondeos para ayudar al PSOE– que pagamos con dinero público. Su última encuesta pronostica que el PSOE, que hace tres años se quedó a 1,4 puntos del PP, va a ganar ahora con 11,8 puntos de ventaja. Es decir, los españoles van a premiar tres años sin presupuestos, la rendición ante Puigdemont, la felonía en Ceuta, el tocomocho con la vivienda y la mayor inflación entre los países desarrollados.
Los sociólogos de Target Point han revisado ese CIS. Sin el guiso de Tezanos, lo que sale es que el PP ganaría con cinco puntos de ventaja sobre el PSOE. Además, se registra una potente subida de Vox.
Sánchez, que provoca repugnancia a una buena parte del público, lo tiene casi imposible, aunque pescará votos en el naufragio de la izquierda comunista-infantiloide. En toda Europa se registra un imparable giro a la derecha, y España no es una isla. Además, con la aceleración digital, el público se cansa antes de todo, fenómeno que castiga también a los gobernantes.
Tras ocho años en el cargo, los tres últimos abanicándose y sin presupuestos, lo natural en cualquier democracia es un relevo. Y más cuando el PSOE se ha quedado sin su salvavidas: la fábrica de votos de América (de ahí su cólera supina con el Supremo).
Sánchez está chamuscado y es consciente. No hay más que observar su magra figura –que ya no llena ni los vaqueros pitillo de qué moderno soy–, o su mirada opaca, o esas carcajadas postizas y desencajadas, riéndose sin ganas con su torpe bufón de cámara.
O pucherazo, o se va a su casa. Estamos ahí.