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La diferencia entre la democracia y las autocracias es que en la primera no existen los cargos perennes. Xi y Putin seguirán ahí hasta que les dé un jamacuco. Pero a Trump le quedan solo dos años, y en formato pato cojo tras perder ambas cámaras por el rejón inflacionario.

En las democracias, incluso en las defectuosas como la española, el tiempo acaba poniendo en su sitio a figuras aviesas, o con los pies de barro. ¿Quién se acuerda ya de Sorayita, que se creía la más lista de la clase y se zampó como una pipiola las urnas chinas de Junqueras y Puigdemont?

Un ejemplo más reciente. María Jesús Montero se presentaba como «la mujer más poderosa de la democracia». Vapuleada en las urnas, hoy solo es recordada por su desenvuelto salero a la hora de trincar dos nóminas, una en Andalucía y otra en el Senado.

Parece que nunca pasa nada, pero el Panteón del PSOE de Sánchez está ya más concurrido que Doña Manolita en Navidad.

¿Quién se acuerda de la impertinente Pilar Alegría, que como portavoz del Gobierno nos endilgaba un par de mítines despectivos cada día? En cuanto compitió como cabeza de cartel se pudo ver que el público no la tragaba y languidece olvidada en Aragón.

Cayó García Ortiz, el chico de los recados en la Fiscalía, y si pierde su jefe el próximo 29-N se quedará sin el indulto a la carta que iba a rubricar Enjuagues Pumpi.

Cayó el bronco Puente, el zurriago dialéctico del Querido Líder, que además era un incompetente. Cayó el Hermanísimo, condenado por el fraternal enchufazo de su hermano mayor. Cayó Ábalos, amigacho y hombre fuerte, que va a tener tiempo para estudiar varias carreras por la UNED desde la trena. Cayó Koldo, que pasó del puti al Peugeot de Sabiniano y de allí a consejero de Renfe. Cayó en Madrid un hooligan descerebrado que tenía tarjeta de delegado del Gobierno. Cayó Montse Mínguez, la animosa portavoz del PSOE que denunciaba a los «fondos buitre» mientras su pareja era un fondo halcón.

Cerca del Panteón del PSOE, en las urnas de allegados, reposan los restos políticos de Pablete Iglesias, que tras batir el récord Guinness de gandulería en una vicepresidencia ahora es tertuliano y tabernero, sin mucho éxito ni en la tele ni en la tasca. Caerá también su mujer, la que gracias al dedazo machista de su flamante novio pasó sin transición de cajera a ministra. Podemos no va a rascar bola y junto a Irene se le acabará el chollo a la insufrible vividora populista Belarra, la inventora de los 16 modelos de familia. No les va a resultar agradable tener que ponerse a trabajar y pagarse taxis y comidas.

Cayó José Luis, la enjoyada mascota del sanchismo, que tanta salsa aportaba a los mítines con sus jocosas invectivas contra la derecha. Zapatero se queda castigado en su dacha durante esta campaña, porque es un apestado político incluso para los inexistentes parámetros morales de Sánchez.

Y por supuesto caerá el culpable último. De aquí al 29 montarán todavía varios espectáculos, como el de Sánchez pidiéndole explicaciones sobre Koldo… ¡al PP! Repetirán hasta la afonía que la derecha «va a acabar con tus pensiones y tus derechos». Pero no habrá perdón para Ceuta y los trenes, ni para ocho años de chulería y nula gestión, ni para toda la costra de corrupción. Han detenido incluso al que fue su chófer, al que ha archivado raudo en el capítulo de la amnesia: «Realmente esa persona no tiene nada que ver conmigo». Pobre Bego, como la condene el jurado popular, este tío dirá que «primera noticia» de que existía la madre de sus hijas.

Se acerca el final y lo sabe. Está tan desesperado que incluso ha sopesado acudir al funeral por las víctimas del tren en la catedral de Toledo. Pero ya es tarde hasta para disfrazarse de ser humano. Hubo de desdeñarlo por temor a la salva de vituperios.

Jamás un político reciente ha generado el nivel de repulsión que suscita este mandatario. Y de ahí no se sale con huelgas generales contra la oposición, ni con pagas peronistas en tiempo de descuento, ni sacando de la jaula al añoso dóberman, viejo can hoy desdentado que ya debutó en los tiempos de Aznar.