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VertebralMariona Gumpert

España, hospital del mundo

Cada vez hay más médicos valientes en redes sociales denunciando lo que ya se ha convertido en una práctica más que común: extranjeros que van desde Barajas o El Prat directos al hospital.

Hay cosas que escapan al sentido común. Por ejemplo, de quién se enamora cada uno: ¿qué le verá? Ojos hay que de legañas se enamoran, diría Cervantes. Otras son simple miopía temporal, como cuando en la anterior campaña electoral el PP arremetía contra Vox mientras a Sánchez le faltaba comerse a besos a Yolanda Díaz (en ésta le ha tocado a Begoña, el caso es besar). En líneas generales, el PP ha comprendido que sin Vox no arrancará a la lapa ególatra de la Moncloa. Rectificar es de sabios. Es la lapa quien se equivoca ahora en campaña. O, al menos, es lo que nos diría el sentido común del que hablaba al principio.

Porque, desde la lógica, no se comprende la última iniciativa del Ministerio de Sanidad. Un vídeo trufado de lugares comunes, no falta ni uno. La joven progre con nulo instinto de supervivencia -esa que verán defendiendo a hombres salvajes porque los ven como «migrantes desvalidos»-, la hispanoamericana con su bebé, la charo, los pensionistas, los obreros y el subsahariano al que, efectivamente, retratan como el desvalido al que la prota-progre rescatará. Qué razón tenía aquel que dijo que parte de la ruina de Occidente proviene de mujeres que vuelcan acríticamente en los inmigrantes el amor que estaba destinado a los hijos que abortaron. El objeto del anuncio es informar de que ya es legal lo que antes se ofrecía de forma oficiosa: sanidad universal para todo el que «viva» en España. Será emitido en las lenguas cooficiales, rumano, chino, inglés, francés y árabe: echémosle una manita al efecto llamada, que por lo visto está en horas bajas.

Cualquier persona con un poco de lógica sobre cómo funciona el mundo -por ejemplo, conocedora de algo tan básico como que los recursos son limitados- interpreta este anuncio como un tiro al pie en plena campaña electoral. Todo el que haya frecuentado un centro de salud o un hospital sabe lo maltrecha que está la sanidad pública. Tomemos datos objetivos: en 2024 murieron 2.151 personas que estaban en lista de espera quirúrgica sólo en Cataluña, comunidad que acumula casi 20.000 personas fallecidas por este motivo en diez años. Estas cifras retratan lo más llamativo, pero son solo la punta del iceberg de lo que implica una sanidad que no da más de sí.

Un sistema sanitario que sólo da abasto para lo urgente acaba fabricando más urgencias. Lo primero que se sacrifica es lo que no corre prisa: la prevención, los cribados, el seguimiento de diabéticos, hipertensos o cardiópatas, y unas consultas de atención primaria en las que el médico tenga tiempo para explorar al paciente y libertad para enviarlo al especialista cuando lo necesita. Lo desatendido no desaparece, sólo se aplaza y empeora. El tumor que habría aparecido en una revisión se descubre meses después, más avanzado, a veces ya sin tratamiento más allá de lo paliativo. El diabético sin control termina con insuficiencia renal o con un pie amputado, y el hipertenso mal vigilado, con un ictus. Todos ellos acaban en urgencias, ocupando camas y quirófanos con complicaciones que se podían haber evitado, y las listas de espera siguen creciendo.

Lo peor es que no se queda ahí la cosa. Cada vez hay más médicos valientes en redes sociales denunciando lo que ya se ha convertido en una práctica más que común: extranjeros que van desde Barajas o El Prat directos al hospital. Entran por urgencias, muchos de ellos con patologías que necesitan ser atendidas de inmediato, dando de lado al nacional que se ha roto una pierna. Extranjeros que ocuparán una cama, pruebas, cirugías -algunas de ellas trasplantes de urgencia-, seguimiento y tratamiento crónico. Así se comprende que, a 31 de diciembre de 2025, hubiera casi un millón de personas esperando ser operadas.

Ante este panorama, ¿cómo se explica este anuncio? ¿Los votantes del PSOE no son usuarios de la sanidad pública? ¿Del transporte público? ¿de la educación o las carreteras? Seguramente sí, pero ¿acaso no es la campaña de Pedro la del amor, frente a la del odio de la extrema derecha? ¿y no piensan los enamorados que son los otros quienes tienen los ojos vendados? ¿Que no ven que el problema no es la falta de recursos sino el neoliberalismo, Ayuso, la infrafinanciación, los recortes del PP, los ricos, en suma?

No sean cínicos. Definitivamente, ni ustedes ni yo somos como ellos. Ellos saben de amor. Y el amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites.

Se les olvida, eso sí, que hay amores que matan. Que pregunten por Urda o Adamuz.