02 de julio de 2022

Cartas al director

El ciudadano Juan Carlos y sus derechos fundamentales

S.M. el Rey Don Juan Carlos I fue expulsado de España en 2020. Y digo fue expulsado porque ni huyó, ni se fue libremente, ni ningún otro calificativo que se pueda buscar. La tipa Carmen Calvo dijo que mientras ellos estuvieran en el Gobierno, ese señor nunca volvería a España. Cuando les parece intentan decir que esa es una decisión de Casa Real, pero esas declaraciones de la referida tipa no dejan ninguna duda, al margen del grado de culpa que pueda tener su hijo actualmente en la jefatura del Estado (esto último merece otro capítulo que no quiero abrir ahora).
Y ¿en qué institución jurídica se basó esta tipa y el resto del Gobierno para expulsar a S.M.? En ninguna, el destierro actualmente no está contemplado en nuestro ordenamiento penal, pero a la vista está que se le ha aplicado al Rey Juan Carlos, conculcando sus derechos fundamentales. El Rey nunca ha estado imputado y aunque lo hubiera estado, con qué derecho se le aplica la «pena» de destierro, que no es de aplicación según nuestro ordenamiento jurídico a ningún imputado, ni a ningún condenado.
Los medios de manipulación masiva andan estos días haciendo elucubraciones sobre quién paga sus gastos de desplazamiento y de sustento mínimo.
Es curioso, a este ciudadano, al Rey Emérito, se le quita su asignación económica –¿con base en qué?– y luego se anda dando vueltas sobre sus medios de sustento. El ciudadano Juan Carlos es el único español que no percibe ni un céntimo del Estado y se le niega hasta una mínima pensión a la que tienen derecho incluso todos los españoles que no han cotizado nunca o el desempleo al que tienen derecho los presos cuando cumplen su pena.
Cuando los sátrapas del Gobierno deciden dar vía libre para que el ciudadano Juan Carlos regrese a España vuelven a conculcar sus derechos fundamentales al decir dónde puede o no puede dormir o dónde puede ir.
Ponen mil pegas para ver el alojamiento de S.M. en la capital del reino y este decide ir primero a Sangenjo (perdón, Sanxenxo).
S.M. tiene sus defectos, pero no tiene ni un pelo de tonto para lidiar con esta caterva de tipos y tipas. Veremos en qué queda el pleito de la otra tipa en Londres (perdón, en London).
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