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Imagen tomada este lunes de un grupo de menores a la espera para ser filiados en una comisaría de la Policía Nacional,

Imagen tomada este lunes en Ceuta de un grupo de menores a la espera de ser filiados en una comisaría de la Policía NacionalGabriela Sardá Núñez

El Gobierno insiste en la «normalidad» en Ceuta: los hechos que desmontan la realidad paralela de Sánchez y sus ministros

Grupos de menores deambulando, comerciantes con «miedo» y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado vigilando supermercados dejan en evidencia la propaganda de Moncloa

80.000. Esa es la cifra que el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, dio este lunes sobre la llegada a modo invasión de inmigrantes ilegales desde Marruecos a Ceuta el pasado 30 de julio. Un panorama que, tras reunirse con el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, calificó de «emergencia tremenda» ante la que el Gobierno, aseveró, «sigue trabajando» en aras de restablecer «la normalidad en las calles».

Aunque el canario no lanzó las campanas al vuelo, los ceutíes no olvidan que el titular de Interior, Fernando Grande Marlaska, al poco de producirse la entrada sí habló de «normalidad» y alabó el trabajo del país alauí. Y todo ello, cabe recordar, con Pedro Sánchez disfrutando de unas lujosas vacaciones en el Palacio de La Mareta, en Lanzarote, sin menciones públicas a Ceuta pero recomendando libros y canciones a través de sus perfiles de redes sociales. Una impostada normalidad que no es sino la enésima demostración de la realidad paralela en la que están instalados los dirigentes socialistas desde el mismo inicio de la crisis.

El primer motivo que desmiente al Ejecutivo en su calculada estrategia de echar agua al vino en Ceuta se da incluso antes de pisar la propia ciudad autónoma. Tal como ha comprobado en diversas ocasiones El Debate durante estos días, algunos vecinos que cogen el ferry desde Algeciras ya advierten de la excepcionalidad en el lugar. Ello se confirma nada más desembarcar y poner un pie en la zona.

Grupos de ilegales por las calles

Los grupos de tres, cuatro, cinco, seis o más personas son incontables. Nada que ver con los pocos miles que el Gobierno asegura que todavía quedan en territorio nacional. Es más, el propio presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, los cifró en entre ocho y once mil.

Imagen tomada este viernes en el centro de Ceuta de varios inmigrantes llegados tras la invasión

Imagen tomada este viernes en el centro de Ceuta de varios inmigrantes llegados tras la invasiónCarlos Latorre

Esta circunstancia, además, se da no solo en lugares cercanos a la frontera, sino también en el centro de la localidad. Este hecho tiene más visibilidad en domingo. Así, la principal calle comercial, el paseo del Revellín, se vacía de familias y otros viandantes porque la mayoría de sus tiendas están cerradas. Solo algunas pocas cafeterías y franquicias mantienen sus puertas abiertas. En consecuencia, las pandillas de inmigrantes irregulares van bajando en cascada hacia la céntrica plaza de la Constitución, donde se cobijan en sombras y parques.

«Miedo» en los negocios

Al respecto, una camarera de un bar muy cerca del Puerto que opta por el anonimato señala a El Debate cómo ha ido evolucionando la situación: «Al principio de la invasión la mayoría estaba en las playas, pero poco a poco se han ido viniendo al centro y aquí siguen. Antes lo veíamos una vez al día, pero ahora no se mueven de aquí… Y aquí seguirán, eso seguro», augura.

Una de sus compañeras, que también prefiere que no se diga su nombre real ni otro ficticio «por si identifican de todas maneras» habla directamente de un «miedo» que todavía, doce días después de la entrada masiva, «continúa». No solo eso, sino que a sus labores en el establecimiento suman las de «vigilantes». «El otro día dejamos bajar a dos al baño y rompieron la taza del váter y el espejo. Ahora ya no lo permitimos pero tenemos que estar todo el día pendientes de que no se cuelen», lamenta.

Imagen de archivo de varios inmigrantes ilegales llegados a Ceuta el pasado 30 de julio

Imagen de archivo de varios inmigrantes ilegales llegados a Ceuta el pasado 30 de julioEuropa Press / Gabriela Sardá Núñez

Menores agolpados y niñas violadas

Otro síntoma de que la «normalidad» pretendida está lejos de recuperarse es el de los menores que han llegado a Ceuta sin sus padres. Se agolpan en la comisaría de Policía Nacional a la espera de realizar los trámites pertinentes de extranjería, primero para entrar en un centro y posteriormente ver cuál será su destino en la península. Peor lo llevan las niñas, dado que las autoridades ya investigan varias violaciones a manos de sus propios compatriotas.

Ejército y Policía Nacional en supermercados

La presencia del Ejército y la Policía Nacional en las puertas de supermercados para evitar saqueos y de la Guardia Civil en las de determinados hoteles ni mucho menos es algo normal. Aunque, por lo visto, para Sánchez y los suyos sí debe de serlo. El argumentario ‘monclovita’ así lo exige pese a que estampas similares no se vivían desde la dana de Valencia del 29 de octubre de 2024.

Imagen de archivo de militares junto a varios menores llegados a Ceuta el pasado 30 de julio

Imagen de archivo de militares junto a varios menores llegados a Ceuta el pasado 30 de julioEuropa Press / Gabriela Sardá Núñez

Grito unánime: «¡Sánchez dimisión!»

Pero el colmo de la indignación llegó este mismo domingo con la masiva concentración de vecinos en la ya mencionada plaza de la Constitución. Convocada por colectivos de las cuatro comunidades religiosas que conviven pacíficamente en Ceuta, es decir, cristianos, musulmanes, judíos e hindúes, y con el lema «Basta ya. Ceuta o se vende», congregó a miles de personas que, con sus banderas de España y de la ciudad autónoma orgullosamente mostradas, defendieron sin fisuras que Ceuta «es española», así como la «seguridad y el blindaje de la frontera» en aras de garantizar «la convivencia» frente a un Gobierno liderado por un Sánchez al que de manera insistente le pidieron su «dimisión». Un clamor popular que difícilmente se da cuando la vida transcurre con supuesta «normalidad».

«Drama económico»

Drama humano. Pero también «drama» económico para muchos comerciantes y empresarios del lugar. Estos no solo se vieron obligados a cerrar tras los primeros momentos de la invasión, sino que a ello no han tenido más remedio que añadir el «miedo» de mucha gente a acudir a mercados o ciertos negocios, que bares y restaurantes encarguen menos género y que se haya suspendido la Feria de Ceuta.

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