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Cartas al director

¡Ya puedo votar!

Después de varias legislaturas, ojeando a azules como a rojos, naranjas, verdes, etc., donde no me he acercado a votar «desde años a» por convicciones claras ni me he dejado llevar por la memez de «votar al menos malo», me da mucha alegría que pronto, en un plis plas, el voto vuelva al bolsillo de los españoles y decidan quién merece la pena seriamente si los hubiese. Sabemos que son muchos los que se han casado y morirán con tal partido, pero otros, día que pasa, día que observamos con astucia sus objetivos y hoja de ruta tanto a nivel nacional como municipal, y es que el voto hay que ganárselo no los días de campaña sino en su hacer a lo largo de los cuatro años anteriores. Hoy por hoy ninguno ha superado la prueba del algodón.

Existen últimamente muchas estadísticas favorables en torno al PP de Feijóo y cómo baja, gracias a Dios, la puntuación a este desgobierno que nos lleva cada día a la ruina, pero hay que mirar mucho más alto que las propias encuestas. Me explico. Los que nos consideramos cristianos llevamos a cuestas y con alegría tres principios básicos que no cedemos ni lo más mínimo: el respeto a la vida, a la familia y a la libertad de la educación por encima de que me vendan la moto de la economía, muy propio del mundo neoliberal. Por tanto, ya comprenderán ustedes que, hoy por hoy, ni unos ni otros entran en el bombo que muchos cristianos ansiamos.

Son muchos los amigos que tengo en las distintas siglas. Me he entrevistado con algunos representantes, he ido siguiendo sus trabajos en las distintas asambleas regionales, pero, al final, todos los que venden familia y otras mercancías tan excelentes, a la hora de la verdad no mueven un dedo. Tengo claro que más profunda que la crisis económica es la crisis moral; moralidad y ética que no he visto a lo largo de estos últimos cuatro años en mi asamblea regional, en los cachorros correspondientes del PP ni del equipo verde.

Sin embargo, en los últimos cuatro años han surgido partidos políticos nacionales, minoritarios, con matices humanistas cristianos, que son ladeados de continuo por todos los medios de comunicación y venden mejor fruta que los antes citados. Me constan que, a fecha de hoy, andan realizando una gran alianza y hasta es posible que le compliquen la vida a más de uno. Claramente, ante el baile desenfrenado de los actuales partidos, seguimos necesitando una nueva generación de políticos con una opción política clave en torno a la dignidad humana. Ya hoy, podríamos decir que «por fin» puedo votar aunque sea a un partido minoritario. Los grandes nos siguen ofreciendo humo y zanahorias.