Cartas al director
El paraguas de Chamberlain
El 30 de septiembre de 1938, Neville Chamberlain, primer ministro del Reino Unido, mostraba ufano, en el aeródromo de Heston (Londres), el acuerdo a que había llegado en Múnich con Hitler para que entrara a placer en el país de los sudetes, territorio checo lindante con Alemania, pretendido por este último con la excusa de ser su población de habla tudesca.
Solo unos meses después, un Hitler ensoberbecido por su triunfo inapelable, se hacía con la actual República Checa y usaba a la presente Eslovaquia como «Estado títere». A continuación, en septiembre del 39, Polonia... Llovió mucho sobre el Reino Unido y Francia, y no fue suficiente con el paraguas. Y sobre EE.UU., también cayó la mundial.
Como el sagaz lector conoce perfectamente, lo único inventado del texto es lo del paraguas. Los checoeslovacos se sintieron traicionados e irredentos, pero al menos no fueron apoyados durante tres años en una «guerra delegada» para que lavaran con la sangre de decenas de miles de sus ciudadanos la escasa presencia de ánimo de sus presuntos aliados. ¿Siempre lo mismo?