Cartas al director
De golpe y porrazo
Si un servidor hubiese sido ciudadano de los EE. UU. de América y, en el caso de haber decidido votar el pasado mes de noviembre en las elecciones presidenciales, que no lo tengo claro dado lo frustrante que es tener que elegir entre lo mediocre y lo peor, lo hubiese hecho sin duda a favor del Sr. Trump, porque todo lo que recuerde a planteamientos woke me repele como la Cruz a Drácula.
Ahora, también sin duda, estaría ya arrepentido ya que, aunque no ignoraba que el Sr. Trump no tiene la talla política de Ronald Reagan ni el más mínimo parecido moral con él (como tampoco con Margaret Thatcher), no podía suponer que sería capaz de rehabilitar a un bárbaro, o romper de golpe y porrazo el «statu quo» establecido en Occidente al concluir la Segunda Guerra Mundial. Independientemente de lo mal que ha hecho todo la UE desde hace mucho.
Sin embargo, bien pensado, qué podía esperarse de un señor que pudiendo vestir siempre con ternos cortados a medida, lo hace a veces con trajes que parecen de saldo, no se abrocha nunca el botón central de la chaqueta mientras permanece parado de pie, o cuando camina (haciendo más visibles sus horribles y excesivamente largas corbatas) y, para colmo, se cubre simultáneamente con gorras sólo aptas para ir a la playa o jugar al béisbol. Casi, casi como Reagan.