Cartas al director
La bola de nieve de las mentiras
Sánchez dice desconocer las causas del gran apagón pero, acto seguido y sin sonrojarse, dice que va a pedir responsabilidades a los operadores privados y no duda en asegurar que en este suceso nada tiene que ver su política de apostar, de manera exagerada y sin un prudencial tiempo de adaptación, por las energías renovables.
Conclusión: ¡conoce perfectamente las causas que nos llevaron al hazmerreir del resto del mundo! La información se la ha dado Red Eléctrica Española, empresa con una actuación similar al Guadiana: a veces es privada y en otras ocasiones hace valer su capital público, sobre todo a la hora de pagar favores a los personajes más inútiles del mercado.
Sánchez es encuadrable en la actitud de aquel niño que al romper un cristal en cualquiera de los inocentes juegos infantiles dice, con extraña rapidez, «yo no he sido» aún portando en sus brazos el cuerpo del delito, el mismo que, ya en épocas de madurez mal asimilada, es cogido en pleno adulterio «con las manos en la masa» y no duda, cuando el resuello se lo permite, soltar un «no es lo que parece».
Puede que la bola de nieve que ha ido formando con sus mentiras ya no pueda sostenerse por su propio peso y ni tan siquiera los esfuerzos denostados por los correveidiles que le rodean sean suficientes para tapar las fisuras que dan fe de su declive, grietas ya, por las que asoman con eficacia caras bien conocidas: una tal Begoña Gómez, remedo sin par de aquella doctora mujer del dictador rumano Ceaucescu; un tal García Ortiz, portador de una sonrisa encubridora como el personaje de Yoker; un hermanísimo David, un fenómeno a la hora de dar explicaciones acusatorias; Ábalos, ejemplar de libro de cómo hacer uso de ese dinero público que no es de nadie;…