Cartas al director
Jara, Duero y soldados
Una de las singularidades del ejercicio de la profesión militar es la cohesión mediado el tiempo, entre quienes ingresaron juntos en las academias militares. Transcurre el tiempo y perdura la cohesión, de un modo evidente e insoslayable. ¿Qué es lo que provoca tal adherencia con el paso de los años? Sin duda, el hecho de que se hayan vivido juntos vicisitudes académicas muy robustas en los mejores años de cada vida. El que se hayan compartido en un tiempo prolongado que abarca años. Como consecuencia de que el contacto se extienda más allá de las aulas y afecte también a vivencias personales de los fines de semana y el tiempo libre.
El carácter vocacional y singular que impregna la profesión. Algo de común sentimiento de participación en tareas de servicio a España y sus ciudadanos. La percepción de una lectura común en la historia que nos define e identifica. La emoción ante episodios de ayer y de hoy, que han trazado y trazan la historia de nuestros ejércitos. La compartición de muchas virtudes y también de algunos defectos… Por eso no deja de resultar curioso que compañeros de ayer se unan hoy con sus familias, pongamos que en Zamora, para rejuvenecernos y fortalecernos; para reírnos con el atrás e impulsarnos al mañana. Para detener una miaja el tiempo, y así descubrirnos otra vez más.
Si encima Estrella, nuestra guía casi imprescindible, nos emociona con el románico local; nos despierta al aroma del romero y de la jara; nos asoma al sosiego de las rubias vacas alistanas; nos contagia su pasión por tierras castellanas y su silencio; nos emociona con el austero carácter de los rituales; cuando es ya casi el Merlú quién nos despertará a la próxima celebración procesional; cuando nos mece el Duero, generador de riqueza y vertebrador de almas. Cuando su declamación en versos medievales nos proyecta a Doña Urraca y Mío Cid… Cuando todo eso se fusiona en maridaje de almas y costumbres, es que una promoción de soldados ha celebrado su encuentro en Zamora.