Cartas al director
Hoy ya no toca soñar
En el verano de 1989, Francis Fukuyama escribió un artículo, que fue libro tres años después, en el que proclamaba que, derrotados los fascismos en la Segunda Guerra Mundial y derrotado después el comunismo, quedaba el camino despejado para las democracias liberales.
Cada generación persigue sus propios sueños y, si bien es desolador marchar dejando el mundo al revés de como lo imaginamos, es ingenuo creer que los sueños cumplidos permanecerán, que es el fin de la historia.
Proclamar que ya no puede haber más sueños es también una forma, esta nada ingenua, de desalentar a aquel que aún quiere cambiar las cosas, que no se resigna a ese punto final.
Ramón Jáuregui afirma que Euskadi vive el «postnacionalismo», que significa que la Euskadi soñada, por él y su partido, el PSOE, coincide con la Euskadi actual: una Euskadi que ha encontrado un «marco satisfactorio» en el que el nacionalismo, recuperadas las singularidades identitarias y consolidado un autogobierno «con el máximo poder autonómico de los Estados federales», ha dejado atrás las «pulsiones nacionalistas» para centrarse en la política real. No apela siquiera a quienes soñaban una Euskadi que fuese España, aunque en ese sueño dejasen su vida incluso trece socialistas.
«Hoy ya no toca soñar», advierte. Y fin de la historia.
Algo hay de soberbia en quien prohíbe soñar, para salvaguardar lo que considera sus logros. Nada ni nadie puede impedir que la historia continúe, ningún tema queda zanjado, cancelado. Sólo los muertos no tienen sueños.