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Cartas al director

Península Gulag

Al igual que la Rusia zarista terminó con la revolución bolchevique de 1917, empezó a implantar un régimen comunista de dramáticas consecuencias.

Fueron 74 años de una dictadura asesina, donde el individualismo fue sustituido por la fuerza, y el ser humano quedó rebajado a épocas prehistóricas.

Gracias a un escritor ruso Alexsandr Solzhenitsyn, quien a través de su novela Archipiélago Gulag, conocimos en Occidente las «bondades» del comunismo.

La dictadura soviética terminó en 1991, pero el comunismo sigue en la Rusia actual.

Toda esta información viene para su conocimiento, porque en nuestro país, después de una dictadura de 40 años, luchamos (no sin sobresaltos), para conseguir una democracia, que aunque débil en sus comienzos, poco a poco fue creciendo y haciendo de nuestro país un referente a nivel mundial.

Pero todo ese esfuerzo de casi 50 años se está yendo por la borda, pues estamos inmersos en una dictadura social-comunista, con un tirano de presidente y un Consejo de Ministros (como en los viejos tiempos de la URSS) que sólo aplauden y jalean al dictador en lugar de trabajar por y para su país.

Hay que recordar que en todos los países donde la dictadura comunista se ha consolidado, (véase Venezuela) la represión, la tortura, el abuso de poder más absoluto, han borrado con las armas que ya conocemos, todo atisbo de protesta. Empezando por la prensa crítica, y acabando por «Aquí mando yo» y a callar.

Nunca es tarde, se dice, pero o nos ponemos manos a la obra, o esto no va a acabar bien, ya que si Dios y nosotros no lo remediamos, vamos a una confrontación social.

Luchemos para que no conviertan nuestro país en un inmenso campo de concentración que suponga de facto vivir en la Península Gulag.