Cartas al director
Malos tiempos
Como cambian los tiempos, ¿no te parece?
Había un tiempo en que las palabras significaban exactamente lo que eran. Cuando mentir estaba muy mal y podía costar a los políticos la dimisión. Cuando el bien común no era privativo de nadie: Todos queremos lo mejor para el pueblo pero diferimos en el modo de conseguirlo: Las izquierdas manejándolo todo y repartiendo (el que parte…), y las derechas marcando las reglas y dejando el dinero en los bolsillos de los ciudadanos para que sean ellos los que lo inviertan. Ese es el juego.
El caso es que no me gusta lo que veo. No me gustan estos tiempos en que se confunde la verdad con el relato que cada uno intenta «colocar». No me gusta que se nos quiera separar por bandos: Aquí los unos (supuestamente, los supuestamente progresistas y todo el separatista que se quiera apuntar), y en este otro lado situamos al resto y lo llamaremos «extrema derecha»... Porque no sé si se han dado cuenta de que hace ya años que en los medios ya no se habla con ese mismo rasero de «extrema izquierda». No existe.
Añoramos el tiempo en que las palabras se usaban para definir las cosas, pero ahora no: Podemos, Sumar, Más, más Junts, circulitos…
Pero en el otro lado no. Se ha dejado de hablar de centro y centro derecha para recalcar ese saco grande y contundente que llaman «las derechas».
Y lo están consiguiendo. Ese maremágnum de políticos con mando, insultadores a jornada completa, cuya principal misión parece que ha de ser culpar a golpe de tuits «a los otros» de todos los males acaecidos sin necesidad de guardar la más mínima apariencia de veracidad. En ese lío, decía, hacen que los ciudadanos vayan tomando cada vez posiciones más extremas. A ver, si es que es de cajón: si tú tensas mucho la cuerda para tu terreno para que haya «tensión», por pura lógica y siguiendo la ley de la dinámica, el otro lado ha de tensar con la misma fuerza para el suyo, si quiera para conseguir el equilibrio, ¿o no? Me sale como ejemplo ese crío que provoca a los demás metiendo cizaña y luego pone cara de tonto. Pues eso.
Por favor, dejen ya de marginar a «los otros», déjenles su espacio y –importante también– dejen a la gente que piense por sí misma sin necesidad de interpretaciones maniqueas. El ciudadano ya sabe lo que piensa y son ustedes los que han de cambiar de pantalla.
Háganme caso, nos vemos por el centro.