Fundado en 1910

Cartas al director

La santidad al alcance de todos

La santidad es el noble afán del fiel cristiano perseguido a lo largo de toda una vida. El Concilio Vaticano II lo remarcó como una meta factible y encomiable para todos los hombres y el Papa san Juan Pablo II desveló, si es que parecía haberlo, el secreto para lograr esta loable y ambiciosa pretensión. Lo puso de manifiesto en uno de sus memorables discursos: «Existe un criterio seguro de santidad: la fidelidad en el cumplimiento de la voluntad divina hasta las últimas consecuencias. El Señor tiene un proyecto para cada uno de nosotros, a cada uno confía una misión en la Tierra. El santo no consigue ni siquiera imaginarse a sí mismo al margen del designio de Dios: vive solo para realizarlo».

Creo que cada hombre, todos los hombres, conocen ese proyecto personal divino a desarrollar en su vida. Por eso no hay que tener miedo a la santidad, al contrario, la fidelidad a Dios y a nuestro propio ser, muestra de nuestra propia dignidad humana, garantiza el éxito.

Y es que, por supuesto, contamos con la ayuda divina para ser fecundos en todas nuestras acciones a favor del prójimo. Dios nos proporciona siempre los medios para llevarlo a cabo; Dios es justo y no puede exigirnos algo que esté por encima de nuestras posibilidades. Hay circunstancias en la vida que, efectivamente, parecen rebasar nuestra propia capacidad. Pero es en esos momentos precisos cuando más tenemos que acudir a su segura protección.

Como nos decía también el Papa Francisco: «No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida 'existe una sola tristeza, la de no ser santos'».

Juan Antonio Narváez Sánchez

tracking

Compartir

Herramientas