Cartas al director
Un funeral a medias
El funeral de Estado por las víctimas de la Dana era obligado. Su puesta en escena fue exquisita. Mesura, circunspección, elegancia, recogimiento. Incluso hubo fina crítica política, contundente y contenida a la vez. Veinticuatro víctimas rechazaron la comparecencia, no obstante. Al igual que el absentismo electoral, no se les tiene nunca en cuenta, incluso aunque su cifra supere a la del partido ganador. Muy posiblemente, consideraron que la puesta en escena del funeral no se ajustaba a su desamparo. Más allá del aparente rigor y seriedad de la instrucción judicial, es inaudito que un año después, 234 víctimas mortales y miles de damnificados no hayan propiciado responsabilidades políticas, más allá de la incompetente directora de emergencias. El cálculo político arrolla la decencia en esta España de representantes indignos, que con total seguridad nos merecemos. No ya solo por parte de quien aún ostenta con descaro la máxima autoridad autonómica, visible responsable último por omisión de muchas de las vidas entregadas. El resto de los daños los provocó la dana.
Cálculo e indignidad en la parte que le toca también al Gobierno del Estado. Aún resuena en nuestros oídos ese requerimiento de ofrecimiento de ayuda a petición por parte del presidente, como si el dantesco infierno que nos ofrecían las imágenes no fuese muelle para la intervención. Después, un año de reconstrucción a medias, resultante de la ausente vocación cooperativa entre las distintas administraciones. Ni siquiera han sido capaces de sumar ante la muerte. No se merecen las víctimas esta tropa de despiadados y embusteros. Las demás víctimas, que somos casi todos, tampoco.