Cartas al director
Panorama desolador para Sánchez
El pasado jueves se produjeron varios hechos relevantes tanto para el relato de la legislatura como para el futuro inmediato del mandato de Pedro Sánchez y sus socios. Por un lado, el partido del prófugo Puigdemont anunció que bloqueará toda acción legislativa del Gobierno, que era el paso necesario para demostrar que el presidente ya no tiene la mayoría parlamentaria sobre la que legitimó su continuidad en el poder y la toma de decisiones hasta entonces impensables.
El mismo PSOE, que proclamaba su derecho a mandar el Ejecutivo nacional por contar con el apoyo mayoritario de la Cámara Baja, debería aceptar ahora que eso ya no sucede y convocar elecciones para que sean los españoles los que valoren la legislatura más convulsa desde la Transición, pero eso pondría en serios aprietos a un Pedro Sánchez determinado a quemar las naves, las siglas y a los que vengan detrás con tal de blindar su figura personal, que no política. Mientras, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el que los capitostes de Junts invocaron como oráculo de la decencia y la verdad, desestimaba de forma conjunta las demandas de Oriol Junqueras, Jordi Turull y Jordi Sánchez contras las resoluciones del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional que les negaron la asistencia al Parlamento catalán por estar en prisión por los delitos vinculados a la asonada secesionista de octubre de 2017.
La desestimación de los recursos supone la enésima prueba de que no se violó derecho alguno de los dirigentes del mal llamado proceso de independencia y, sobre todo, echa por tierra las falsarias acusaciones de lawfare con las que los condenados, después indultados y a la postre amnistiados por Sánchez cuando necesitó sus votos, han tratado de vender un relato torcido de los hechos y manifiestamente ofensivo a la verdad. Mientras, el juez de la Audiencia Nacional que investiga la trama de corrupción del que fuera durante años núcleo de confianza del presidente decidía abrir una investigación por los pagos en metálico en la sede federal del PSOE que manda Sánchez, que al parecer no se enteraba de nada de lo que sucedía ni entre sus acólitos, ni en Ferraz. ¿Qué más quiere Sr. Sánchez ?