Cartas al director
Símbolos
Tiempo ha, que como sociedad vasca hemos normalizado que algunos símbolos, siempre los mismos, o diferentes, pero unidos entre sí por un cordón umbilical invisible de afinidad que los entronca, sean ultrajados: cruces, banderas, partidos políticos, objetos publicitarios, etc., derruidos, mancillados, atacados con saña, u objeto de mofa y befa. La perpetración de tales actos son la prueba palmaria de la degradación en la que incurren quienes los cometen; no deja de resultar irónico que gentes a quienes se les llena la boca con palabras tales como respeto, democracia, pluralidad, etc., se comporten con una actitud totalitaria, tal vez porque su aptitud les incapacite a caminar por la senda de la convivencia entre iguales que tanto predican.
La historia, reciente y lejana, de km. cero o de otras latitudes, nos recuerda que grandes calamidades para la raza humana tuvieron su génesis en actos aparentemente nimios, baladíes, triviales. El llamado Homo Sapiens tropieza dos veces y muchas más con la misma piedra. Debemos preguntar y preguntarnos qué mano mece la cuna y fomenta o se coloca de perfil frente al comportamiento de sus 'pioneros', cachorros, Hitlerjugend. Ojo avizor.