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Cartas al director

Una mirada especial

¿Solo se puede ser poeta en París? ¿Solo su leyenda nos transporta? ¿Solo sus adoquines mojados nos inspiran? Y como París, cualquier otro marco agraciado que nos rodea. Observo cómo los fotógrafos hurgan con denuedo la mejor luz; o las sombras. Supongo que hay efectivamente momentos y lugares que nos hacen despertar. Pero el poeta de París, por poner el caso, más que conocer la rima y la métrica, que también, es sensible e inquieto a la hermosura de París. Sus poros captan lo indescifrable, más allá de filtros y ópticas. Es su atractiva forma de leer y de concebir lo que nos sorprende. Así que estoy convencido de que detrás de esas bellas imágenes hay tipos que miran de una forma singular. Que saben plasmar como nadie lo cotidiano. Que hacen aún más hermoso lo bello.

Por eso me digo que, aún lejos de la genialidad de los divinos, quizá lo que tengamos que hacer es desplegar nuestra mejor mirada a la vida. Abrir más los brazos a cuanto merece. Estrujar nuestra propia experiencia. Observar más y mejor las cosillas que nos rodean. Con más empeño. A lo mejor… ; incluso como premio…; ¡zas!; una escapada y esa mirada a París. Más que nada por si cuela que tiene efectivamente ese embrujo especial.