Fundado en 1910

Cartas al director

El móvil tonto

Un amigo apareció el otro día con un teléfono minimalista, dumbphone, móvil tonto. Se había gastado casi 600 euros en un dispositivo que bloquea las redes sociales y los juegos. Es decir, todo lo que provoque adicción, como las notificaciones, las apuestas o la pornografía. Te deja el email, WhatsApp y poco más, porque está diseñado para no usarse. Es casi paradójico pagar por un sistema de restricciones. Mientras el desarrollo tecnológico de las grandes compañías avanza en ofrecer cada vez más servicios concentrados en el móvil, este te quita casi todos. Los últimos modelos de Samsung son plegables, incluyen IA con reconocimiento de voz que edita fotos y vídeos, carga inversa y se sincronizan con el reloj, lavadora y nevera. En cambio, el minimalista cuenta con menos opciones que la BlackBerry.

Se trata de un fenómeno en auge. Destacan dos modelos: los móviles con teclas a la antigua y smartphones que llevan un software integrado que los limita. Móviles de ultimísima generación, como el Samsung S25, con una camisa de fuerza para que no absorban todo nuestro tiempo. «Es la opción perfecta para adultos que buscan una relación más saludable y consciente con sus dispositivos», refleja la página web de Balance Phone, una pequeña empresa de móviles minimalistas.

¿Qué lleva a una persona a invertir en un móvil así? Baratos no son, sobre todo si se busca una opción sin vuelta atrás. Los bloqueadores de contenido o limitadores del tiempo de uso pueden eliminarse. Con el móvil minimalista se queman las naves. Es una apuesta por el mundo físico en una sociedad cada vez más virtual.

Sin embargo, este fenómeno suscita una duda. Pérez-Reverte sostiene que las nuevas tecnologías, como las redes sociales o los videojuegos, sustituyen a las fuentes clásicas de transmisión de la cultura, como el libro. Evolucionamos en nuestras formas de contar historias o enseñar.

Los intelectuales de ahora publican tuits, charlan en pódcasts y salen en documentales de Netflix. Un móvil sin todo eso, ¿pierde la cultura actual, las historias? Casi parece que un usuario de un móvil minimalista se expone a volver a la caverna, a aislarse del debate público.

Sin embargo, los minimalistas digitales y usuarios del dumbphone apagan la pantalla para levantar la mirada. Salen de la Matrix, se quitan las gafas de Ready Player One. Devuelven al móvil su condición de herramienta, despojándolo del título de centro de la existencia. Pero ¿y la cultura? No pueden escuchar a Vázquez de Prada o a Maldini en YouTube, ni leer los tuits de Donald Trump. Es inevitable aceptar que estos usuarios tardarán más en enterarse de lo último. Por otro lado, libres de los torpedos algorítmicos lanzados por los mejores ingenieros de Silicon Valley, pueden ser capaces de interpretar con más tiempo y sosiego. Depende a lo que dediquen el tiempo obtenido gracias al dumbphone. Quizá se trate de elegir con sencillez entre abarcar o apretar.