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Cartas al director

Misterioso

Soy militante de cuota y, por supuesto, votante de Vox. De momento, eso sí. Por lo tanto, lógicamente, deseo lo mejor para mi opción política, pero eso no significa que esté de acuerdo con las decisiones y estrategias del partido. Afortunadamente, no les debo nada y ellos a mí tampoco.

El misterio que no acabo de entender y con el que doy título a esta modesta opinión es el siguiente: hace ya tiempo que, poco a poco, han ido saliendo de la cúpula de la formación militante de reconocida influencia y valía. Menciono no a todos, pero sí a los más sonados, como serían, Alejo Vidal-Quadras, Ivan Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio, Macarena Olona, Jose Luis Steegmann y últimamente el defenestrado, Javier Ortega Smith. Nada más y nada menos. No entiendo cómo se puede prescindir de todos estos nombres que, como fundadores o impulsores de un partido que hace «cuatro días» ni existía, han dado una fuerza y un impulso inimaginable. Pero, a pesar de todo, y según las últimas encuestas, no solo no se ha resentido de estas ausencias, sino que, por el contrario, está cercano ya al 20 % de votos. Es como si un equipo de fútbol de élite prescindiera de todas sus figuras/ estrellas y siguiera arrasando en todos los encuentros contra sus rivales.

Siendo un misterio incomprensible para mí, podría achacarlo a que el PP lo estaría haciendo tan mal que muchos de sus votantes optarían por probar con otra opción, dentro de su marco ideológico, pero con más contundencia y claridad a la hora de exponer su programa político y no estar pensando tanto en el que dirán, no me vayan a tachar de «facha» y aprender de la banda de maleantes (PSOE) que se sienten tan orgullosos de lo que son.

Los profesionales de la sociología de la política quizás me pudieran sacar de este misterio que tan desconcertado me tiene.