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Cartas al director

Cuando nadie mira

Si un político responde con un «cero absoluto», el mensaje real suele ser otro: no miréis ahí. La noticia sobre Zapatero, Plus Ultra y Venezuela no es un simple titular, sino un síntoma de cómo operan las élites cuando se mueven entre gobiernos, empresas y diplomacias paralelas.

En sociología esto se llama capital relacional: la capacidad de ciertos actores para ocupar espacios donde las fronteras entre lo público, lo privado y lo internacional se vuelven difusas. No hace falta hablar de delitos para reconocer el problema. Basta con observar quién tiene acceso a conversaciones, decisiones y negociaciones que la ciudadanía nunca ve.

Por eso el caso Plus Ultra reaparece ahora. No porque haya datos nuevos, sino porque los relatos se reescriben cuando cambia el poder. Y en ese reencuadre, vínculos antes invisibles empiezan a generar preguntas legítimas.

Es un patrón estructural: exmandatarios que acumulan influencia, que actúan como mediadores informales, que hablan con gobiernos y oposiciones, que se mueven en zonas grises donde la transparencia no llega. Cuando un país entra en crisis –como Venezuela tras la caída de su gobierno– estos actores reaparecen para explicar, negar o reinterpretar su papel.

La pregunta central no es si «mediaron» o no. La pregunta es por qué siempre orbitan los mismos nombres alrededor de decisiones estratégicas y rescates millonarios.

La ciudadanía merece más que negaciones tajantes. Porque lo que está en juego no es una aerolínea. Es la confianza en cómo se ejerce el poder cuando nadie está mirando.