Fundado en 1910

Cartas al director

La mentira en clave, el egocentrismo, el yo

En estos momentos, siglo XXI, año 2026, siento en mis carnes las vivencia que mis padres vivieron en la década de los años 30.

El grupo republicano, en situación desesperada y deseando que sus ideas prevalecieran sobre todo lo demás, rompió la equilibrada justicia, la equilibrada convivencia y el equilibrado sentir de la mayoría social: la paz, los proyectos familiares y el progreso social equitativo.

Aparecieron los asesinatos, el oportunismo, el enfrentamiento por las ideas religiosas y el desprecio a todo aquel que no pensara como republicano «extremo».

Hoy, mutatis mutandis, vamos abriendo los senderos que en aquellos años 30 terminaron en caminos.

Comienzan a renacer las barbaridades, la negación de lo personal y privado, el querer anular la intimidad de las creencias y considerar enemigo a todo aquel o aquello que no piense como el republicano extremo.

Estos días, alguien del Gobierno ha llegado a decir que en España no existe la «okupación»... ¡Qué barbaridad! ¡Qué ignorancia!, peor, ¡qué falsedad ideológica interesada!

Y yo digo... si la otra parte, la que solo quiere vivir en sintonía social con todo el mundo, se le ocurriera comenzar a «guerrear», invadiendo las viviendas, propiedad de los que niegan la okupación... ¿Qué pasaría?

Muy sencillo y simple, volveríamos a los horribilis annus de la década de los 30.

Un presidente que se otorga el poder universal sobre todos y sobre todo, inclusive sobre la moralidad personal; un presidente que enrosca las maromas de aquellos barcos que él no quiere que salgan adelante; un presidente y aledaños ministros y ministrables que han aprendido que solo su ombligo adorna el estrecho mundo de su mente socialmente insana.

Podemos iniciar una guerra de guerrillas y, en estas circunstancias y con estos ideológicos gobernantes, encontrarnos con que nadie tiene derecho a nada y que todos tenemos derecho a lo que honradamente han adquirido los demás..., incluso, hasta la fe, misterio que ni Santo Tomás fue capaz de explicar.

Estamos pidiendo a gritos paz... pero el dinero, el poder y las pocilgas de aquellas intimidades podridas no nos permiten lograrla con mayoría solvente.

Después de aquellos años terribles, vividos por nuestros antepasados, alguien, solitario, pero sensato dejó escrito: «En tiempos de guerras y enfrentamientos los pobres no supieron ser ricos, pero los ricos, siempre aprendieron a mantenerse ricos y poderosos».

Aprendamos, sobre todo los pobres, que todo es efímero, menos lo que conseguimos con nuestro sudor y lágrimas.