Cartas al director
Verdad e intereses
¡Cuántas veces se plantea conflicto entre verdad e intereses!
Si ponemos nuestro interés por encima de todo, la verdad pasará a convertirse en asunto secundario, incluso digno de ignorarse.
¡Y ya no digamos si estamos ante alguien sin escrúpulos! La deformará y manipulará lo necesario hasta acomodarla a su conveniencia. Pura hipocresía, que a pesar de ser tan detestable, hay que reconocer, con François de La Rochefoucauld, «es un homenaje que rinde el vicio a la virtud».
Así como no debiéramos caer en la tentación del autoengaño, tampoco debemos tolerar que nos den información adulterada, elaborada intencionadamente para tergiversar la realidad. Porque aquí también tenemos responsabilidad, pues «si me engañas un vez la culpa es tuya. Si me engañas dos, la culpa es mía» (Anaxágoras).
Hay quienes han interiorizado tanto su costumbre de engañarse a sí mismos y de mentir, que la han convertido en un vicio. Y, como decía san Hilario, «la indulgencia con el vicio es una conspiración contra la virtud». En todo caso, el vicio es un abuso. Y, «el mayor de los abusos es respetarlos», leí en alguna parte.
Por eso, debate, discrepa, denuncia, defiende, brega y porfía. No rehuyas, si procede, el combate. Valor y fortaleza son virtudes que estremecen al cobarde. Teme solo que el odio te asalte, porque eso será lo que –como persona– te mate.
Los entendidos en cocinar venganza, recomiendan que esta se sirva en plato frío. Pero no advierten, previamente, de que su preparación te abrasará a ti antes. La venganza toma su primera víctima en quien la trama. Atrapa su mente y traba, con dentellada fiera, el corazón de quien le franquea la entrada. No es inteligente. No es humana.
Sin embargo, la vida es lucha que solo termina con la muerte. Si no luchas es que, de alguna manera, ya has muerto.
Y la batalla más trascendente es la que se ha de enfrentar con uno mismo.