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Cartas al director

Sí, pero no

Estoy cada día más asombrado de los cambios de opinión del Gobierno al cual van dirigidos mis impuestos.

Hemos de aguantar, estoicamente, estas sandeces, entre otras muchas:

«Sí mandamos tropas, pero no son soldados que luchan».

«No a la guerra, pero sí a la ayuda militar».

«Sí trabajaba, pero no sé dónde».

«Sí apoyo a las víctimas, pero me asocio con sus verdugos o sus cómplices».

«No es no, pero sí lo es, si me conviene».

«Sí, soy feminista pero también solidario con las meretrices».

Nunca he confiado en alguien que se ríe más de sus propios chascarrillos que su público agradecido y bien pagado. Tampoco me he fiado de quienes creen en los muros contra los que discrepamos.

Estoy tan harto que he optado por tomármelo con sentido del humor pero, cuando hay víctimas, fruto de la ineficacia de los gobernantes, no puedo mantenerme callado.

El poder convierte en imbéciles y altaneros hasta a los medianamente inteligentes. No quiero pensar en qué se transforman los gaznápiros y los indecentes.

Quizás en zampabollos, amorales, «luciérnagos» y mastuerzos.