Cartas al director
No temas
A priori ser vulnerables o necesitados nos produce rechazo: preferimos no serlo, pero es inevitable que alguien tenga que ayudarnos en algún momento de nuestra vida, sea por edad, enfermedad, lesión de cualquier clase; y, aunque cueste, hemos de aceptarlo. Igual que entendemos la necesidad de alimentarnos o de dormir.
Por otro lado, nuestra vida no es plana ni inmutable; nosotros elegimos cambiar, reflexionar, crecer, o bien quedarnos estancados. Es propio del ser humano crecer. No somos piedras, e incluso éstas se van erosionando con el paso del tiempo (sin que ellas lo elijan…). En ese crecimiento descubrimos cómo somos, cómo es el mundo en que vivimos, nos planteamos proyectos, objetivos; amamos, gozamos y sufrimos en menor o mayor medida. Y en ese autoconocimiento, en medio de la sociedad, cada cual debería ser libre para elegir el camino y los valores que quiera.
Pues bien, considerando las carencias y los errores en el funcionamiento de una sociedad líquida, hedonista, marcada por el poder y el consumo, y dirigida por humanos (y como tales imperfectos), no me produce pena que alguien llegue a replantearse y profundizar sobre cuál es su proyecto vital, cuál es el motor y motivación en su vida y sobre la trascendencia del ser humano.
No es malo necesitar o guiarse de unos valores, de una Fe, pues no somos dioses, sólo humanos ( no animales).
Ni piedras ni animales.
Así que, Silvia, no te aflijas.
Y sé feliz.